sábado, 20 de julio de 2013

Capítulo 8 - Inalcanzable.

{Capítulo 8.}
·Narra Justin·
Comía distraídamente mi trozo de bizcocho mientras observaba a las azafatas del avión ir y venir a lo largo del pasillo atendiendo las necesidades de los pasajeros que viajaban. Me gustaba ir en primera clase, era una zona del avión en la que los asientos estaban dispuestos en grupos de cuatro y separados por una mesa que se situaba en el centro de estos. _____ viajaba a mi lado en la zona de la ventana y observaba con admiración el increíble e inmenso océano compuesto por nubes que se extendía debajo de nosotros. Justo en frente teníamos a Ryan que había vuelto a dormirse con su cara aplastada contra el cristal en la ventanilla, y Alfredo deboraba un pequeño trozo de tarta de chocolate que se le había antojado pedir.
- ¿Has visto a la morena de ojos verdes que te ha traído antes la tarta? -sonreí mirando a Alfredo mientras terminaba mi bizcocho.
- Haber cuando vas a aprender que si se me aparecen comida y mujeres en el mismo campo de visión, sólo soy capaz de fijarme en la comida, tío. - respondió él con toda la boca cubierta de chocolate.
La imagen me hizo reír y negando con la cabeza me incorporé desde mi asiento para poder hundir mi dedo en el chocolate de la tarta llevándomelo a la boca.
- Sin embargo no paran de acercarse chicas a ti a todas horas... es injusto. -le reproché con cierto tono divertido. -¿Recuerdas la fiesta que organizamos después del concierto en Dallas? No dejabas de rodearte de preciosidades, y allí estaba yo, hablando con los padres de las fans...
El comentario hizo reír a Alfredo que cogió el plato con la tarta de la mesa llevándolo a su regazo para evitar que volviera a robarle otra pizca.
- El truco es no hacer ver que eres tan importante, tú te das esos aires de estrella internacional todopoderosa y resultas inaccesible, entonces es cuando vienen al amigo simpático. -me dedicó una sonrisa llena de dientes y levanté una ceja sorprendido.
- Y parecías tonto...-reí.
Corté aquella risa en cuanto pude distinguir a la azafata de antes dirigiéndose en nuestra dirección, con un par de arreglos en mi pelo y tras haber comprobado que mi aliento estaba intacto le dediqué una amable sonrisa.
- ¿Estan contentos con el desayuno que le hemos ofrecido? -sus grandes ojos verdes de largas pestañas se posaban en mí con interés mientras esbozaba una perfecta sonrisa capaz de derretir a cualquiera. Pero lo que realmente me había llamado la atención eran sus curvas de infarto.
La había visto pasar por mi lado unas cuantas veces y en ninguna de ellas había dejado que pasaran inadvertidas sus bonitas caderas contoneándose por cada paso que daba con sus largas y perfectas piernas. Podría darles un buen uso, la verdad.
- Todo en su sitio... Lissa. -dije finalmente echándole un rápido vistazo a la chapa nombrada que adornaba su vestido. - ¿Eres de Nueva York?
Al instante mi subconsciente me gritó que me había pasado de directo pero al ver su sonrisa hacerse más grande lo olvidé todo.
- No señor, soy de Texas, pero me quedaré en Nueva York esta noche. -pasó su lengua por los labios humedeciéndolos, cosa que hizo que mi amigo comenzase a despertar, casi ni había notado su enorme indirecta.
- Cariño... todas esas nubes hacen que recuerde el inmenso algodón de azúcar que me compraste por nuestra primera cita, ¿recuerdas? por poco no me come él a mí. -una tímida risa me interrumpió desde mi lado y noté cómo una mano se posaba sobre mi pierna.
Me giré rápidamente hacia ____ , ella me sonreía dulcemente mientras yo la miraba completamente desconcertado arrugando mi nariz.
- ¿De qué coño estas hablando? -pude preguntarle.
Sentí una serie de pasos que se alejaban de mí y pude apreciar que Lissa se me había escapado de las manos sin tener necesidad de verlo. _____ esbozó una sonrisa satisfecha y volvió a lo suyo leyendo una revista del corazón que había encima de la mesa.
- ¿Crees que tengo ganas de aguantar como le estas tirando los tejos a la azafata en todo lo que nos queda de viaje? - me dijo simplemente sin quitar la mirada de la revista.
Alfredo reía divertido ante la escena señalando a _____.
- Creo que traértela de gira es la mejor decisión que has tomado desde hace años. -decía sin dejar de sonreír acomodándose en su asiento. - Ahora si me disculpas, Lissa no puede pasar sola su estancia en Nueva York.
Se levantó aún entre risas para ir en busca de mi presa ya perdida y yo volví a girarme hacia ____ con la boca abierta.
- ¿Y a él no le dices nada? -reproché.
- Él se ha quitado de mi vista para hacerlo. -me contestó completamente seria.
Entonces ya comprendí todo de golpe.
- Tú te estabas poniendo celosa. -sonreí moviendo mis cejas de arriba a abajo y acercándome un poco más con intención de incomodarla.
- ¿Quieres dejar ya de pensar que todo el mundo gira en torno a ti? -esta vez si levantó la mirada para dirigirse a mí. - No todas estamos con las bragas por los suelos cada vez que lanzas una de esas...miraditas haciendo eso tan odioso con las cejas.
La miré extrañado ladeando un poco la cabeza esperando a que se explicara.
- ¿A qué te estas refiriendo?
- Lo haces siempre que te sacas una foto a ti mismo. - esta vez pude apreciar cierta diversión en su tono de voz.
Una de las cosas que más gracia me hacía de mis fans era que lograban apreciar cosas de las que ni yo mismo era consciente.
- No sé de qué estas hablando. -intenté ocultar mi sonrisa volviendo a girar mi cara hacia el pasillo del avión procurando parecer molesto.
- Que sí, mira haces esto... -volví a girarme hacia ella a la vez que veía cómo entrecerraba un poco sus ojos levantando las cejas exageradamente, al verla de ese modo no pude evitar soltar una carcajada.
- En mi vida he puesto una cara como esa, no me toques la moral...-le contagié mi sonrisa y volvió a centrar su atención en aquella revista. - ¿Volviste a hablar con tus amigos?
- Sí, ya les conté todo lo que había ocurrido, después hice una llamada triple y les expliqué con más detalle a Christina y Helena la situación... -pasó una hoja y volvió a mirarme riendo por lo bajo. - No sé cómo se me ocurrió, entre el grito de una y de otra me dejaron completamente sin oír por la oreja derecha.
La escuchaba con interés sonriendo sorprendido mientras me explicaba la reacción de sus amigas al haberles contado que se venía conmigo y no pude evitar sentir un toque de añoranza en su voz.
- ¿Christina no es la pobre a la que le tocó sufrir el triste trauma del culo blanco del tontolava este? -pregunté refiriéndome a Ryan que continuaba profundamente dormido en frente de nosotros. Ella asintió medio riendo. -Podemos compensarles el susto invitándoles a Los Angeles dentro de unos días si ellos quieren, así puedo conocerles.
____ me sonrió ilusionada mientras asentía y comenzó a hablarme sobre sus amigos, aquellos a los que también les gustaba mi música. Yo la escuchaba atentamente y le aconsejé que se pusiera en contacto con ellos para preguntarles si les parecía bien la visita.
Después de una larga lección acerca de cómo podía funcionar el internet portátil dentro de un avión dejé que me enseñara su cuenta de twitter. Todos los tweets que aparecían eran de usuarios cuya foto de perfil era una imagen mía, leí curioso todos los pequeños mensajes que iba dejando la gente.
''Ojalá Justin supiera lo mucho que él significa para mí.''
''No comprendo cómo pueden llegar a acumular tanto odio hacia una persona que esta constantemente salvando vidas con su música, gracias Justin.''
''Justin nos mata via instagram con todas esas fotos que cuelga.''
''Beliebers, tenemos al mejor ídolo del mundo y eso nadie puede negarlo.''
Continuaba leyendo ese sin fin de tweets apreciando todo lo que era y casi sin darme cuenta de que sonreía como un completo idiota ante la pantalla. _____ me enseñó las fotos que se habían hecho en la fila esperando hasta el concierto y uno de los vídeos intimidando al guardia de seguridad de la puerta del hotel en el que me había alojado. Esto último me hacía reír acordándome de aquella vez en Londres cuando me habían tenido que echar por el increíble alboroto que había conseguido formar en la puerta.
Sin pensarlo mucho más cogí el ordenador y me dispuse a escribir un tweet desde su cuenta.
''Queridas Beliebers, os amo y os veo a todas, sé que estáis ahí y nunca voy a dejaros, os lo prometo, os quiere Justin''
- No se creerán que lo has escrito tú. -me dijo sonriéndome con cariño.
- Eso es lo de menos, sólo necesito que lo lean, necesitaba decirlo sin tener al instante miles de retweets y cientos de favoritos atacando mi pantalla, me ha sentado bien. -le dije con sinceridad.
- Mierda tío, trae de vuelta esos jodidos pantalones... -Ryan se removió desde su asiento llamando nuestra atención aún con los ojos cerrados y cambió de postura hablando en sueños.
____ y yo le mirámos a la vez sobresaltados.
- Ryan recoge también los calzoncillos. -le susurró ____ aguantándo su risa.
- Mmmmm, los calzoncillos te los voy a meter en la boca Justin...
Ambos estallamos en carcajadas casi al mismo tiempo al escuchar aquello. Finalmente nos pusimos a hablar cada uno de su vida contándo todo lo que nos habíamos perdido del otro tras aquella separación con tan sólo meses de vida, aunque claro, yo no tuve que contar mucho, ella me había seguido desde que comencé mi carrera, pero pude hablarle sobre Jazmyn y Jaxon, mis dos hermanastros y ella no paraba de repetir lo mucho que deseaba conocerlos.
Así estuvimos hasta que el avión aterrizó en tierras neoyorkinas.

·Narra _____·
Era casi la hora de comer cuando por fin el avión tomó tierra.
Pudimos encontrar a Alfredo charlando en la zona de asientos para las azafatas junto con Lissa y un par de chicas más, no entiendo cómo lo conseguía, pero era muy eficaz con las mujeres, yo reía al ver la cara de fastidio de Justin al presenciar la escena.
Tras una serie de manotazos en la mejilla pudimos despertar a Ryan por segunda vez en menos de cinco horas. Yo le robé a Justin sus gafas de sol en el caso de que tuviéramos a otro grupo de paparazzi esperando para darnos la bienvenida pero para mi sorpresa, al bajar de allí nos esperaban unos pocos coches todoterreno con las ventanillas compuestas de cristales tintados.
Todo el equipo completo fue bajando del avión y una vez cerca de los coches Scooter entró con nosotros.
En mi vida había estado en Nueva York. Bueno, básicamente en mi vida había salido de Canadá hasta aquel día, estaba que no podía quedarme quieta por la emoción. No me despegué de la ventanilla del coche en todo el trayecto, tenía que agacharme para conseguir ver casi al completo los enormes rascacielos que nos rodeaban por todas partes.
Nueva York no tiene prejuicios, es una ciudad que siempre mira hacia adelante. La mejor forma de conocerla es recorrer sus calles, mezclarse entre sus ciudadanos hasta convertirse en un neoyorkino más.
Aquello era alucinante en cualquier sentido, las banderas estadounidenses podían encontrarse en cada esquina. Las calles estaban perfectamente organizadas en sus respectivos cruces con las avenidas. Manhattan era un lugar de ensueño. Sin poder aguantarlo más bajé el cristal de mi ventanilla para poder sacar un poco la cabeza y mirar todo lo que tenía delante, me quedé totalmente boquiabierta ante la escena.
Miles de taxis amarillos se plantaban en frente de nosotros llendo en toda clase de direcciones. Los semáforos organizaban el tráfico confundiéndose entre multitud de carteles con la inscripción ''ONE WAY'' y haciéndo posible la movilización a la vez de cientos de personas que esperaban en sus respectivas aceras al color verde. En los pasos de cebra la colisión entre los individuos era aterradora y a la vez emocionante, todo el mundo iba corriendo a todas partes. Podían verse también las pequeñas humaredas que se formaban procedientes de las rejillas que daban al famoso metro de la ciudad de Nueva York.
Al atravesar Broadway conseguí captar los centenares de carteles resplandecientes que anunciaban los próximos musicales que iban a tener lugar, el Times Square se plantaba justo en frente de nosotros cegándonos con sus luces de neón y haciéndome pensar cuantos miles de millones de bombillitas habrían hecho falta para poder construir una zona como aquella, eternamente viva.
Continuamos calle abajo hasta tropezar con aquel mítico edificio, el Madison Square Graden. Me giré hacia Justin que miraba aquel recinto con una sonrisa seguramente recordando todos aquellos increíbles recuerdos que tendría de allí y que había logrado compartir con el mundo al completo.
- Fíjate...tú hiciste historia en este lugar. -conseguí distinguir la voz de Scooter que se había acercado a Justin. Este no dejaba de mirar con la boca abierta el edificio que ahora dejaba ver en su enorme pantalla el anuncio que captó la atención de todos en aquel coche.
''JUSTIN BIEBER EN CONCIERTO''
- Nosotros, nosotros hicimos historia en este lugar. - Justin sonrió, y aquella frase consiguió estremecerme al completo.
No podía esperar ni un sólo segundo más para poder entrar en aquel sitio, que contenía millones y millones de sueños cumplidos en su interior.
En poco más de quince minutos logramos llegar a uno de los hoteles más lujosos de Nueva York, el Pennsylvania. Levanté la mirada intentando lograr ver el final de aquel increíble edificio pero me resultó completamente imposible. En la puerta pude distinguir a una masa increíble de chicas levantando toda clase de pancartas para intentar conseguir llamar la atención de su ídolo aunque fuera cuestión de cinco segundos.
- ____, -me llamó Justin desde mi lado en el coche. -para tratar de evitar confusiones y malos entendidos que me lleven meses desmintiendo delante de la prensa, tú entrarás de las primeras junto con los bailarines y el resto del equipo, si quieres te acompañará Fredo, y nos reuniremos en el vestíbulo.
Yo asentí algo nerviosa volviendo a colocarme las gafas de Justin y tragué saliva antes de sentir la mano de Alfredo tirando de mi brazo para salir de aquel coche.
Miles de gritos y flashes calleron de lleno sobre mí al salir, podía sentir cómo las manos ue escapaban de entre los guardias de seguridad intentaban agarrarme por la ropa y agarrada con fuerza a Alfredo corrí hacia dentro del dichoso hotel, el corazón me iba a mil por segundo cuando entré en el vestíbulo.
Miré hacia detrás logrando ver a través de las puertas de cristal cómo Justin salía sonriente y saludando del coche haciendo que los gritos se intensificaran mucho más, parándose a firmar un par de autógrafos por el camino hasta llegar a la puerta. Cuando Scooter se reunió con nosotros nos puso en grupo para que Ryan, Alfredo, Justin y yo consiguieramos escuchar su voz por encima de todo aquel griterío.
- Chicos, teniendo a _____ aquí lo que hicimos fue coger la suite doble...esto quiere decir que tendréis una suite con tres habitaciones para los chicos, y otra comunicada sólo para _____, ¿de acuerdo? - nos gritó riendo al ver que casi no nos enterábamos de lo que nos quería decir y dándonos las llaves de las habitaciones. - Podéis entrar en las suites con estas llaves, ya lo veréis vosotros al llegar, yo estaré en la planta de abajo por si me necesitáis hasta mañana.
Con esta última frase los chicos y yo cogimos el ascensor el cual contenía una cantidad inmensa de botones y nos dirigimos a nuestra planta alejándonos cada vez más de los gritos.
Anduvimos por el pasillo hasta llegar a nuestras suites y entramos primero en la de los chicos. Aquello era increíble. Ryan se dejó caer en el inmenso sofá de estilo rústico que se disponía en el centro de la sala.
- Ven conmigo, te voy a enseñar cómo llegar a tu habitación. -Justin me hizo una seña con la cabeza para que le acompañase y le seguí fuera hasta el pasillo de nuevo.
Caminamos hacia la puerta de la habitación de al lado y entramos sin ningún problema.
- Scooter dijo que estaban conectadas, por lo que si vienes por aquí... -me condujo hacia otra puerta dentro de la misma habitación y la abrió con la llave dejando ver de nuevo la sala en la que acabábamos de estar hacía unos minutos, Ryan no se había movido.
- Usa esta llave cada vez que lo necesites si quieres venirte con nosotros, y arréglate un poco, le he dicho a Nora, una de las bailarinas que viniese a traerte algo de su ropa para prestártela. -me explicó entrando de nuevo en su habitación. - vamos a bajar a comer y después te llevaremos a que te compres algo de ropa, o tendrás que vestir mis pantalones para lo que te queda de gira.
Rió dándome una copia de la llave en la mano y cerró la puerta desapareciendo tras ella.
Me giré sobre mis pies.
Madre de Dios.
Observé la inmensa habitación que tenía delante de mí, había una gran cesta de mimbre que contenía toda clase de dulces de bienvenida sobre la mesa. Caminé hacia el otro lado de la habitacíon abriendo la puerta y terminé de asombrarme al lograr ver el increíble dormitorio que me había tocado. Avancé hacia la cama de matrimonio pasando la yema de mis dedos por sus pefectas y suaves sábanas mientras recorría aquella habitación con la mirada. Mi cuarto en la casa de Canadá era menos de la mitad de todo aquello. Caminé nuevamente hacia otra de las puertas para encontrarme con un precioso baño exquisitamente decorado y con una inmensa bañera en el centro de este.
¿Cuánto tiempo dijo Justin ue íbamos a quedarnos? ¿Era posible quedarse a vivir en un hotel?
Salí del baño y fuí directamente hacia las cortinas que me impedían que el cuarto estuviese completamente iluminado. Con un rápido movimiento las quité de mi vista.
Uau.
Me quedé totalmente con la boca abierta al ver todos aquellos rascacielos justo delante de mí. Abrí el cristal y salí fuera al balcón dejando que el viento desordenara al completo mi pelo hasta llegar a la barandilla.
Desde allí podía ver el majestuoso Empire State Building alzándose por encima de todas las cabezas y un poco más lejos el mítico edificio Chrysler. Cerré los ojos para tomar aire y una dulce voz llamó mi atención.
Aquello era una versión a capella de Die In Your Arms, me giré hacia el balcón de la habitación de al lado y pude distinguir la nuca de Justin que se encontraba sentado de espaldas a mí en su balcón. Cerré de nuevo los ojos para escuchar aquella voz y sin apenas ser consciente sonreí.
Definitivamente, podía acostumbrarme a todo aquello.

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