{Capítulo 16}
Mi pelo se movía en toda clase de direcciones desordenado a causa de las ventanillas abiertas del mercedes en el que Justin me llevaba por toda la ciudad. Él iba pegando golpecitos al volante mientras ambos cantabamos a pleno pulmón "Young, Wild And Free" de Wiz Khalifa, la canción que estaban echando por la radio. Boston era una ciudad increíble con decenas de sitios que visitar, pero he de admitir que el turismo sobre ruedas callejeando entre los enormes edificios y con la música a toda pastilla era una opción irrechazable.
Aún no tenía ni idea de qué era lo que tenía Justin planeado para mí, pero tampoco me importaba, quería aprovechar mi estancia en aquel sitio todo lo posible.
Aparcamos delante de la puerta de un gigantesco edificio, en cuanto saqué la cabeza por la ventana pude advertir que se trataba de un restaurante italiano. ''GINO'S''.
- ¿Me has traído a un restaurante? - le preguntaba a Justin mientras se colocaba la mascara en la cabeza. - Me hubiera conformado con un McDonalds, de verdad, este parece un tanto exces...
Ahogué mis palabras en una fuerte carcajada al girarme viendo a Justin con la cara completamente cubierta a excepción de tres agujeros que había para sus ojos y su boca.
- ¿Por qué en la boca? - reía sin parar echando la cabeza hacia atrás para apoyarla sobre el asiento.
- ¿¡Cómo pretendes que coma entonces, genia!? - carcajeaba él contagiándose. - Y no es excesivo, además te traje aquí porque quiero que veas algo.
Yo asentía tratando de contenerme mordiendo mi labio inferior y salí del coche secando las pequeñas lágrimas producidas a causa del ataque de risa mientras Justin confiaba las llaves al chico que había en la puerta del restaurante encargado de aparcar los vehículos.
Colocó su mano en mi espalda para llevarme al interior del edificio pero no pude encontrar mesas ni camareros, simplemente una chica tras un pequeño mostrador y un ascensor un poco más alejado. Caminamos hacia la joven que miró a Justin un tanto alarmada al principio pero pareció relajarse al reconocerle.
- Señor Bieber, cómo no, usted innovando. - sonreía coqueta al hablar.
- Buenas tardes, ¿podemos...? -preguntó Justin levatando el dedo pidiendo permiso para entrar al ascensor.
- Por supuesto, pediré que le pongan en su mesa preferida, como siempre. - dijo al tiempo que cogía el teléfono sin apartar la mirada de la de él.
- Gracias Emily, tan eficiente como siempre. - guiñó un ojo al decir esto último y entonces fue cuando caí, era una de ellas.
Le dediqué una pequeña sonrisa aunque falsa a aquella chica mientras mi subconsciente no debaja de gritarme que le diera un enorme bofetón en mitad de la sala sin terminar de comprender el por qué de aquella necesidad. Por suerte, segundos después ya estábamos entrando en el ascensor de camino al restaurante.
¿Por qué me ponía tan histérica? Sería algo normal en la vida de Justin, él mismo me ha dicho que en absoluto le importaban las relaciones estables, disfrutaba de su vida sin tener necesidad de complicarsela, la mujer con la que nos acabábamos de cruzar sólo sería una más de su larga lista de distracciones, no tenía derecho a comerme la cabeza, no tenía ni derecho ni sentido alguno, así que aparté a la velocidad de la luz esos pensamientos de mi cabeza.
Cuando las puertas se abrieron, un camarero ya nos estaba esperando para guiarnos hacia nuestra mesa. Le seguimos hasta dar con una pequeña acompañada por dos sillas situada un poco más alejada del resto junto a la enorme pared de cristal que dejaba ver la inmensa ciudad de Boston a nuestros pies. Me acerqué con la boca abierta a mirar a través de ella rozando la yema de mis dedos por el frío cristal.
- Increíble, eh. - la voz de Justin sonaba cerca de mi oído mientras admiraba las alucinantes vistas que tenía delante de mí.
Asentí sin borrar mi sonrisa un solo segundo y me volví provocando que Justin se separase un poco para sentarme en nuestra mesa, él me imitó segundos después.
- Pues me gustaría proponerte algo. -empezó diciendo.
No pude evitar que una débil risa se escapara de entre mis labios y me tapé cara con una de mis manos tratando de no mirarle.
- Lo siento, no puedo tomarte en serio con esa cosa en la cara. - reí.
Justin puso los ojos en blanco y agarró la máscara desde su coronilla quitándosela rápidamente y dejando libre su pelo revuelto. Terminaba de peinarlo cuando la camarera se acercó a la mesa para preguntarnos qué nos apetecía comer.
- No tenéis nuggets de pollo para ella, ¿verdad? - la miró Justin con una estúpida sonrisa burlona.
- Oye tú, que no iba a pedir eso. - le dije con cierto fastidio.
Nuestra camarera parecía bastante confusa pero no dejaba de mirarnos sonriendo, una escena un tanto extraña.
- Trae mi pizza de siempre, aunque esta vez la tendré que compartir. - contestó nuevamente Justin encogiéndose de hombros.
Con una última sonrisa y un par de notas en su cuaderno, la chica se alejó a paso ligero de nosotros. Volví mi mirada hacia él mientras dejaba la máscara a un lado de la mesa.
- ¿Qué me estabas diciendo antes? - pregunté echándome hacia atrás en la silla y cogiendo aquella prenda para verla de más cerca.
- Que en dos días tengo que asistir a unos premios de música, y bueno, nos sentamos casi en primera fila. -apoyó sus brazos sobre la mesa incorporándose un poco sonriendo con diversión. - Vamos a ver muy bien el espectáculo.
Vaya, a Justin cada vez se le estaba dando mejor esto de gastarme bromas, casi me lo había creído. Solté una fuerte carcajada asintiendo y volví la mirada de nuevo hacia el cristal para ver a través de él a las diminutas personas que caminaban por debajo de nuestros pies.
- ¿Qué te hace tanta gracia? -preguntó sin poder ocultar su diversión.
Me giré para mirarle borrando de pronto la sonrisa de mi cara.
- Estas de coña, ¿no?
- Su pizza esta lista. - oí decir de nuevo a aquella voz femenina por encima de nuestras cabezas colocando un inmenso plato de pizza delante de nuestras narices.
Justin sonrió relamiendo sus labios mientras observaba la comida.
- Joder, qué rapidez. - le dijo cortando un trozo sin poder esperar más.
- El señor Gino la encargó en cuanto se enteró que usted había entrado en el restaurante. -contestó la mujer. - Que tengan buen provecho.
Yo no había dejado de mirar a Justin con la boca abierta todo el tiempo, aún seguía en estado de shock mientras él deboraba su primer trozo de pizza.
- No voy a ir. - dije finalmente.
- Claro que irás, ya te he reservado el asiento de mi lado. - me contestó a la vez que se terminaba el trozo de pizza y atacaba a por el segundo. - Además eres una de las pocas personas que es mi amiga sin ser un personaje famoso y continúa a mi lado, te mereces acompañarme, la mayoría me hubiese estado poniendo por las nubes todo el tiempo, o me hubiese vendido con alguna historia a la prensa, tú sigues aquí, y quiero conocerte más, si a ti no te importa.
Me quedé sin palabras tras escuchar aquello último y tan sólo podía mirarle con sorpresa. Finalmente carraspeé y alargué mi brazo dispuesta a coger una pequeña porción de pizza.
- ¿Y si piensan raro de nosotros? - era lo único que se me ocurrió.
- No lo harán, no debes preocuparte por eso, puedes ponerte el vestido aquel... ese que le compramos a Lily, ¿recuerdas? - recogió un poco de queso que quedaba colgando de un extremo de mi pizza y se lo llevó a la boca a instante.
Tras unos segundos de reflexión finalmente accedí cogiendo aire.
- Vas a acabar conmigo, qué verguenza Justin, no dejes que me lleven a entrevistarme ni nada porque como lo hagan te persigo para el resto de tu vida. - bromeé tratando de parecer lo más seria posible.
Justin rió fuertemente al escuchar esto último y clavó en mí sus ojos color miel acompañados de una dulce sonrisa.
- Igual me pienso eso oye. - rió provocando que le tirase la máscara a la cara.
- No seas imbécil.
Comí rápidamente mi trozo de pizza a ser consciente de que mi acompañante llevaba ya casi tres e iba a quedarme sin almorzar. Justin se dio cuenta de mi apuro y rió cogiendo uno nuevo.
- Cuentame algo de tu niñez, esa fase me la he saltado. - me miró con media sonrisa.
- Pues no hay mucho que contar... yo...
- Tú eras la típica niñatilla mandona que se creía la reina del parque y hacía que los demás les dieran sus natillas en los recreos. - Me cortó Justin sonriendo burlón y haciendo que abriera la boca haciendome la ofendida.
- Para que lo sepas vas muy descaminado, era una niña adorable e inocente. - dije en un tono de reproche .
- Más o menos igual que ahora sólo que cambiando lo de adorable por muermo. - movía sus cejas de arriba hacia abajo con una sonrisa irritable.
- Esta pizza se ve muy bien para estampartela en la cara, ¿sabes? - le respondí simplemente.
Levantó sus manos riendo en señal de disculpa mientras yo retomaba las palabras en su anterior petición.
- Mi infancia fue algo bastante normal, aunque bueno, eso era porque aún no sabía que era adoptada y que había matado a mi propia madre durante el parto. - las palabras salieron de mi boca sin que a penas fuese consciente de estar pronunciándolas dañándome a medida que las asimilaba dentro de mi cabeza y sólo pude cerrar los ojos aún con mi boca entreabierta.
Sentí en ese momento algo cálido sobre mi mano, y abrí mis ojos de nuevo, era la de Justin.
- No tienes ni idea de lo muy equivocada que estas -él me miraba completamente serio. - Es decir... tú no la mataste, era muy joven, fue su decisión darte a luz, y a mí me gustaría agradecerle todo eso, de lo contrario nunca te hubiera conocido, y tienes que creerme cuando digo que siento que puedo contartelo todo, desde que te uniste a la gira todo ha ido sobre ruedas, ya se que ha habido un par de incidentes, pero has estado después ahí para hacerlos más llevaderos. Lo que quiero decir...
- Sí, sé lo que quieres decir, y la verdad es que esta siendo el mejor verano de mi vida gracias a ti. - solté sin pensarlo bajando la mirada a la pizza notando como mis mejillas comenzaban a calentarse. - Me refiero...
- Sé lo que quieres decir. - me repitió él de nuevo con esa odiosa sonrisa de diversión contenida. - Bueno, pues cuentame acerca de esos tres amigos tuyos que vienen con nosotros a pasar unos días en Los Angeles, si voy a cederles mi casa merezco información.
Me tranquilicé un poco al ver que había cambiado el tema tan rápido y partí un nuevo trozo de pizza mientras comenzaba a hablar.
·Narra Justin·
Pasamos horas allí sentados, un tema había llevado a otro y no habíamos parado de hablar en todo el tiempo, al terminarnos la pizza pedimos un inmenso vaso de helado con tres bolas de distintos sabores para cada uno que nos habíamos ventilado en cuestión de minutos. Jamás me había topado con una chica con tanto apetito, era distinta y eso llamaba mi atención. Aunque la conociera desde hacía poco tiempo había demostrado que podía confiar en ella, y eso era lo que me hacía sentir más cómodo. No recordaba aún la última vez que había salido con una chica sin tener segundas intenciones después de todo, a excepción de mi madre.
Me contó lo mucho que le apasionaba la música, que había comenzado sus clases de guitarra poco antes de unirse a la gira, su sueño de recorrer todo el mundo, me habló sobre sus amigos, sus estudios, averigué que su nombre completo era ____ Rose Brooks y yo le conté todo lo que ocurría fuera de mi vida profesional, con ella podía soltarme, sabía que no saldría corriendo para publicarlo en los medios a cambio de un par de cientos de dólares. Y era algo a lo que no estaba acostumbrado.
Al cabo de un rato decidimos salir por fin del hotel y yo tuve que volver a colocarme la máscara que tanta risa le provocaba a mi amiga para evitar que los pocos fotógrafos que había a la salida lograsen captar mi estado.
Le abrí la puerta a _____ dejándola entrar primero en el coche y en ese momento se me ocurrió. Sonreí para mis adentros felicitándome a mí mismo por aquella idea y corrí a meterme en el asiento del conductor para pocos segundos después arrancar lanzado hacia la carretera.
- El hotel esta en la otra dirección. - advirtió ____.
- ¿En serio? Qué torpe soy. - reí como respuesta.
- Ya vale Justin, Scooter nos va a matar, dijiste para ir a comer. - no lograba comprender si había dicho aquello con humor o con nerviosismo, pero seguí en la misma dirección.
- No vuelvas a ponerte con esos aires de aburrida, nos ha dado libertad, aprovechémosla hasta el final. - decía mientras pisaba el acelerador. - Además, en el sitio al que tengo pensado ir ahora, nadie podrá verme la cara.
Sentí su mirada puesta sobre mí de pronto y me giré un segundo desviando mis ojos de la carretera para encontrarmela mirándome con increíble seriedad.
- Me das miedo.
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- ¿El zoo? ¿En serio?
Reía sin parar mientras tiraba de ella hacia el interior del aquarium del zoo de la ciudad de Boston, había estado millones de veces en aquel lugar y jamás me cansaba de ir. ____ clavaba sus pies en el suelo mientras yo la forzaba a seguirme tratando de frenarme y terminó por tirarse al suelo cayendo sobre su trasero sin dejar de reírse.
- ¿Qué demonios estas haciendo, Rose? ¿Cuantos años tienes? ¿Cinco? - solté su mano levantando una ceja con diversión.
- Otra vez, que dejes de llamarme Rose, qué pesado, no sé ni para qué te lo digo. - reía mientras se levantaba sacudiendo el polvo de su ropa. - Y no estas en posición de cuestionar mi edad mental, te recuerdo que me estas llevando al zoo, Drew.
Esta vez sí me siguió cuando me dispuse a entrar en el edificio adornado con pinturas de millones de peces de todo tipo de colores. Hace tiempo que me había quitado la máscara en el coche, daba un calor horroroso, por suerte no habíamos tenido ningún encuentro desagradable hasta el momento.
Una cara conocida se acercó a nosotros al entrar.
- ¿Justin? Cuanto tiempo chaval, ¿cómo lo llevas?
George, el encargado de la zona acuática del parque apareció delante de nosotros con su tan épica barba canosa y por poco no me asfixia con su abrazo.
- ¿Qué pasa George? Venimos a decir hola a los amiguetes. -reí haciéndole comprender al instante.
- Lo imaginaba, pues ya sabes, esto es todo tuyo pero recuerda las normas y no me vayas haciendo trastadas. - me dio una fuerte palmada en la espalda que por poco no me deja sin aliento antes de fijarse en mi acompañante. - ¿Y esta pequeña sirena que traes? Por fin te veo con novia, chico.
- No soy su novia. - aclaró ella con rapidez antes de ni si quiera presentarse.
- Esta es _____, una amiga.
George nos miraba a ambos sonriendo con los brazos cruzados delante del pecho.
- Sí, así los llamáis ahora a los noviazgos, desde luego que menuda juventud. - insistió antes de girar sobre sus talones para alejarse de nosotros. - Espero que lo paséis bien chicos, dale recuerdos a Braun cuando lo veas.
Yo reía mientras le veía desaparecer por la salida y me giré hacia _____ que observaba los primeros acuarios con curiosidad. Volví a agarrarla por el brazo tirando de ella.
- No hemos venido aquí para mirar peces. - la reñía a la vez que entraba con ella en una de las puertas donde podía leerse el letrero ''Sólo personal autorizado''.
- Ah ¿no? - volvía a resistirse y comenzó a pegarme en el brazo repetidas veces cuando la hube soltado. - Que-dejes-de-arrastrarme-a-todos-sitios.
Calló al instante al ver hacia dónde la había conducido y se quedó mirando la enorme habitación pintada de azul y la piscina un poco más alejada con la boca entreabierta. Yo reía con su reacción y caminé hacia las perchas dispuestas un poco más lejos en las que colgaban los trajes de buzos.
- ¿Por qué no pudo gustarme la música de un cantante más psicológicamente estable? - la escuché decir a mis espaldas. Solté una enérgica carcajada mientras descolgaba los trajes y se los llevaba. - ¿Eso que veo son tiburones?
- ¿De qué hablas? Aquí sólo hay peces tropicales, será precioso, ya verás. - le dije ofreciéndole su traje.
- Juro que acabo de ver un tiburón, Justin. - decía aguantando la risa mientras señalaba el agua de la piscina.
Finalmente terminé convenciéndola de que había sido cosa de su imaginación, me conocía ese zoo como la palma de mi mano. Al cabo de unos minutos ya nos habíamos puesto los trajes de buzo y nos asomábamos a la piscina.
- Deberíamos asegurarnos de que realmente no hay ningún... -ahogó esta última frase en un agudo grito al empujarla hacia el agua haciendo que esta saltara por toda la habitación en millones de gotitas.
Me lancé justo después de ella entre risas y me sumergí comenzando a buscarla bajo el agua, ¿dónde se había metido? Observaba cómo los miembros de seguridad nos vigilaban desde el otro lado del cristal y les dediqué un saludo con la mano haciendo que sonrieran. Me disponía a sacar la cabeza a la superficie para ver si _____ había salido cuando un fuerte peso cayó sobre mí hundiéndome de nuevo en el agua. Miles de burbujas se escaparon por el aparato que me ayudaba a respirar al darme cuenta de que se trataba de ella. Segundos después me la encontré dando una voltereta hacia atrás alejándose de mí.
La seguí agarrándola por el brazo y nadé con ella hacia lo más profundo señalando la cantidad de peces que nos rodeaban. Sonreí para mi interior cuando ví cómo ____ atrapaba un pequeño caballito de mar entre sus manos y lo dejaba libre poco después.
Estuvimos nadando durante Dios sabe cuánto tiempo. Conseguí encontrar en la superficie una pequeña cámara acuática y comenzamos como locos a sacar todo tipo de fotos con los peces. Me acerqué a ella sacándome el aparato para respirar de la boca y acercando mis labios a su mejilla para poco después inmortalizarlo con la camara.
Le señalé la dirección para poder cambiar la piscina y asintió dejando que la guiase hasta llegar a una pequeña rejilla que abrí con ayuda de una llave colgada de mi traje dejando que ella pasase primero.
Dos delfines vinieron a recibirnos al momento y empezaron a golpear mi cuerpo con el hocico tratando de crear un juego, podía advertir cómo _____ se divertía con todo aquello y agarraba a uno de ellos por la aleta superior dejando que este la subiera hacia la superficie del agua. Yo la seguí nadando notando al otro delfín siguiéndome por detras, todo aquello nunca dejaría de impresionarme.
Al sacar la cabeza del agua me liberé de las gafas y el tubo para la boca y la distinguí un poco más lejos sonriendo mientras acariciaba la cabeza de uno de los delfines. Nadé con cuidado de no espantarlo colocándome a su lado.
- Esto es increíble, no puedo creer que lo hagas cada vez que se te antoje. -dijo sin mirarme rascando la barriga del animal.
- Sólo cuando el encargado me deja hacerlo, pensé que te asustarías, qué decepción. - bromeé mientras me mantenía a flote.
Ella me dedicó una mirada de pocos amigos comenzó a chapotear en el agua lanzándomela a la cara, yo en cambio traté de llegar hasta ella con los ojos cerrados moviendo los brazos delante de mí para atraparla finalmente.
- Otra vez no, Justin por favor, ni se te ocurra hacer lo que...
Antes de que pudiera terminar la frase estaba sumergiéndola bajo el agua mientras ella se revelaba cogiendo mis brazos e intentando por todos los medios zafarse de mi agarre.
Los delfines rozaban nuestros pies dando vueltas en círculos mientras nosotros seguíamos librando nuestra pequeña lucha por el dominio.
Cuando comencé a notar que la risa y la pelea estaban consiguiendo asfixiarme declaré la paz levantando los brazos y nadando hacia las rocas artificiales que daban a la salida sentándome en una de ellas.
- Al final me vas a machacar el doble que el gilipollas del club. -reía a la vez que echaba mi pelo hacia arriba.
- Es que eres un nenaza, Bieber. -me provocó mientras aupaba su cuerpo para sentarse a mi lado. - Gracias por haberme traído.
La miré observando la superficie del agua moverse y retorciendo su cabello tratando de secarlo.
- Eres la primera chica a la que traigo a este sitio. - solté sin pensar.
Cuando fui consciente del significado de lo que acababa de decir ya era demasiado tarde, me miraba con una ceja levantada.
- Eso suena como si esto fuera una especie de cita. - rió encogiéndose de hombros.
Noté cierto cosquilleo en el estómago al escuchar aquella palabra pronunciada de sus labios y tragué saliva volviendo mis ojos hacia ella que mantenía aquella sonrisa divertida en sus labios y que poco a poco fue haciendo desaparecer conforme se fijaba en mi modo de mirarla.
- Más quisieras que esto fuera una cita, Brooks. - susurré a la vez que acercaba mi cara lentamente a la de ella.
Me fijé en su boca, sus rosados labios entreabiertos eran como un imán que me llamaba a voces cada vez que los miraba.
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