{Capítulo 32}
Riesgo. ¿Qué sería de la vida si no tuvieramos el valor de intentar algo nuevo? En este mismo momento, miles de personas de cada ricón del planeta renuncian a sus decisiones por temor al fracaso, nosotros también lo hacemos, a veces sin ni si quiera darnos cuenta. Eliminamos de nuestra vida toda posibilidad de decepción que podemos, por mucho que nos atraiga los hechos de los que puede derivar un acto, el temor al error nos puede, impidiéndonos seguir adelante.
Realmente, ¿qué nos han contado que es el riesgo?
Es curioso que en el diccionario la palabra ''riesgo'' se defina como la posibilidad de un daño o estar expuesto a perderse entre otras desgracias, nos presentan al riesgo como nuestra perdición, como el camino que lleva al fracaso.
''¿Para qué me voy a arriesgar?''
Y ahora pienso yo ¿dónde demonios estaría la humanidad si todo el mundo pensara de esa forma?
Recuerdo algo que leí hace poco sobre Thomas Edison, el inventor de la bombilla incandescente, a lo largo de su carrera no hacía más que cometer fallos, uno de sus colaboradores le preguntó un día si no se sentía un fracasado por haber realizado mil ensayos sin conseguir nada, Edison le respondió que, precisamente, ahora ya sabía mil maneras de cómo no hay que hacer una bombilla.
Personalmente, si Edison se hubiese dejado influenciar por las palabras de su ayudante, yo ya habría muerto de miedo unas diez mil veces cuando era niña debido a los fantasmas que me acosaban por las noches.
En la vida es exactamente igual, seguro que no me equivoco cuando digo que muchos de vosotros habéis vivido esa sensación de frustración al ver lo arriesgado que suponía el conseguir algo, ya sea el defender a alguien, tomar una decisión en un momento crítico, o incluso el querer permanecer junto a la persona a la que más deseas sobre la faz de la Tierra.
Sé que las cosas pueden torcerse, sé que puedes sentirte la persona más solitaria del planeta aún encontrándote rodeada de gente, conozco esa sensación, sé lo que es contener lágrimas de rabia, de impotencia, de agunstia, de pura tristeza, querer coger la puerta y escapar lo más lejos posible de donde te encuentras, sé lo que es que el mundo se te eche encima y no contar con nadie que pueda sostenerlo hasta que logres escapar, sentir que molestas allá donde vas, sé lo que es que te traicione quien menos te lo esperas. También sé que siempre existe una salida, aquella que tenemos con la puerta encajada y a la que miramos de reojo de vez en cuando para asegurar que aún sigue ahí aunque a veces nunca lleguemos a rozar el pomo.
Sé que parece difícil y en la mayoría de casos puede que lo sea, pero ¿nunca escuchaste eso de que mientras más complicado, más merece la pena?
Acércate sólo un momento, abre un poco más esa puerta y echa un vistazo. Tú momento es ahora, el tiempo es demasiado escurridizo como para utilizarlo caminando con la cabeza agachada, deja de llorar, haz que esos pensamientos que te torturan desde el interior cesen, diviértete, haz locuras, enamórate, sueña con lo imposible, porque cuando menos lo esperes, te darás cuenta de que valió la pena arriesgarse.
·Narra Justin·
- ¿Dónde demonios me llevas? - me preguntaba entre risas sin dejar de mirar a través de la ventanilla del coche.
- Es la hora de comer, ¿no tienes hambre?
Ajusté mis gafas de sol y volví a apoyar mi codo sobre la ventana con mi otra mano sobre el volante, no pienso malgastar un sólo segundo desde este mismo instante.
- Mucha, me comería hasta los espaguetis de Ryan. - sonreí al momento de escucharla, me gustaba que fuese una chica con apetito. - ¿Vas a llevarme a un restaurante de esos con camareros estirados y nombre impronunciable en el que el menú son como jeroglíficos?
Reí ante su comentario y aparqué frente al local volviéndome hacia ella para ver su reacción. Miraba el edificio con una expresión que mezclaba el asombro con la diversión.
- ¿McDonalds?
- ¿No te gusta?
- Me encanta.
- Y a mí. - mi sonrisa se hizo más amplia.
- Curiosa forma de pedirme una cita. - dijo ella en un tono seductor.
- No es sólo una cita, ¿sabes?
Salí del coche en ese momento sonriendo divertido y ella me imitó segundos después reuniéndose conmigo, cerré el coche y coloqué mi brazo tras sus hombros mientras caminaba hacia el McDonalds.
- ¿Cómo que no es sólo una cita? Me he perdido. - mantenía el ceño fruncido sin dejar de lado su tan increíble sonrisa, no podía mirarla más de cinco segundos sin quedarme embobado.
- Me refiero a que hoy es el día de la cita normal, hoy no soy Justin Bieber el cantante, soy Justin Bieber, tu chico.
Ella mordió su labio segundos después de escucharme y rió leve levantando su brazo por detrás de mí agarrándose de mi cintura.
- Me gusta eso de ''mi chico''. - se apretó contra mí. - Y esa idea suena muy bien, ¿qué tienes pensado para después de comer en McDonalds, mi chico? - recalcó las últimas dos palabras haciéndome reír.
- Cosas normales, ya improvisaré.
- No sabes lo mucho que me asusta que tú elijas plan, Bieber.
Entramos en el interior del local, yo me descubrí de mis gafas de sol y al instante todo el mundo se volvió hacia nosotros.
- ¿Por qué nos mirarán? - la escuché a mi lado con notable sarcasmo. Me volví hacia ella con el fin de descifrar con qué intenciones iba aquello, sonrió y se encogió de hombros.
Se acabó, me volvía loco.
- Porque tengo a la chica más guapa abrazada a mí y no pueden contener su envidia. - con esto último besé su frente y ella dejó escapar una breve carcajada.
- Claro, seguro que es por eso. - utilizó el mismo tono sarcástico mientras nos acercábamos para pedir la comida.
- Buenas, ¿puedes darme un Big Mac con patatas fritas y un refresco grande de Coca-Cola? Y un Happy Meal con nuggets de pollo para esta nena, por favor y gracias. - la chica que os atendía me observaba incrédula y tuvo que sacudir la cabeza repasando en voz alta todo lo que le había pedido. Saqué el dinero del bolsillo bajo la mirada fulminante de ____ que levantaba una ceja desde que me había escuchado decir la palabra Happy Meal. - ¿Qué?
- ¿En serio me has pedido un Happy Meal?
- Lo sé, soy el mejor novio del mundo, ni lo digas.
Su risa me atravesó y me provocó un estremecimiento de pies a cabeza. Un poco más tarde, nos trajeron la comida y le pagué a la chica en efectivo, ella se quedó mirándome ruborizada, en casos anteriores lo más seguro es que le hubiera guiñado un ojo, incluso puede que le hubiera invitado a comer, era una chica bonita y exótica, pero en aquel momento sólo me preocupaba que ___ no se molestara, y no pareció hacerlo, cogió su comida y se separó de mí buscándonos un sitio.
La comida transcurrió entretenida, estuvimos hablando todo el tiempo, haciendo el tonto y compartiendo risas. ____ se puso unas gafas de color rosa que habían venido de regalo con el Happy Meal y comenzamos a hacernos fotos de lo más estúpidas, creando recuerdos.
Justo después de terminar de comer nos encaminamos de nuevo hacia el coche hasta que ví algo a lo lejos, eran unos recreativos justo al lado había un pequeño centro comercial.
- Tengo una idea, ven conmigo.
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- ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo de que una chica pueda machacarte? - reía ____.
Ambos nos habíamos puesto los guantes de boxeo conectados a la enorme consola de pantalla grande, uno de los juegos que había en los recreativos.
- No tengo miedo, pero va en contra de todos mis principios. - traté de parecer serio poniendo los puños en alto mirando a la pantalla.
Sin que me hubiese dado tiempo a prepararme, ____ movió rápidamente sus brazos y su personaje virtual la imitó en cuestión de segundos haciendo que mi personaje doblara su cuerpo con una mueca de dolor.
- ¡Esa no vale! ¡Ha sido a traición! - la señalé.
- No seas crío. - decía entre carcajadas.
Con esto último comenzó a mover sus brazos rápidamente atacándome desde la pantalla y dejando a mi avatar hecho polvo, hundido en mi orgullo, decidí que era hora de dejarse de tonterías y me lo tomé en serio, fui dándo un golpe tras otro, ella esquivaba la mayoría con una destreza increíble. Hubo un momento en el que mis guantes electrónicos no respondieron y mi personaje se quedó completamente inmóvil, ____ aprovechó y atacó dejándolo K.O al instante.
Abrí mucho los ojos, sin poder creérmelo. Ella levantó los brazos con los guantes aún puestos y celebró su victoria sin poder contener una fuerte carcajada.
- Eres una tramposa. - me quité los guantes y me crucé de brazos observando la pantalla en la que se podía ver cómo las pequeñas personas virtuales celebraban la victoria de la chica que se subía a las cuerdas del ring, pudiendo distinguirse a su contrincante, ahora tirado en el suelo y con varias pequeñas estrellas revoloteando por encima de su cabeza. Mantuve mi expresión seria, pero no podía reprimir una muy leve sonrisa.
- No te piques Justin, no tienes por qué avergonzarte de que tu novia te haya barrido en un combate de lucha libre.
La miré arqueando una ceja y ella cerró los ojos dedicandome de nuevo un aire victorioso con los puños en alto.
- Vamos a buscar otro juego, venga. - pasé por su lado y la despeiné bruscamente fastidiándola.
Divisé una pequeña cancha de baloncesto con redes alrededor de las que la pelota viene sola hacia a ti, yo solía ser un crack en ese juego cuando mis amigos y yo íbamos a los recreativos que había en el centro comercial de Stratford.
- Eh, mira esto. - la avisé acercándome a la máquina y palpando una de las pelotas de baloncesto mientras leía el pequeño cartel que había al lado. - Dice que según la puntuación que consiga, podré escoger un regalo más tarde.
- ¿Probamos?
Sin discutirlo un segundo más, metí un par de monedas en el interior de la máquina que se iluminó rápidamente encendiendo el marcador, la canasta comenzó a moverse de un lado a otro muy despacio. Agarré la pelota y fuí posicionándola entre mis manos lanzando y encestando una y otra vez, poco a poco fui cogiendo el ritmo encestando todas y cada una de las pelotas, la última vez que jugué a esto, juraría que era más difícil.
Terminé por hacer todos los puntos y la máquina se iluminó con más intensidad comenzando a soltar bonos para poder ir a recoger el regalo.
- Estoy impresionada. - me aplaudía entre risas.
- Estaba tirado. - alardeé.
Recogí todos los bonos y fuimos directos al mostrador. Sonreí a la dependienta a modo de saludo y ella respondió con el leve rubor de sus mejillas, en ese momento, ____ se acercó más a mí agarrádome por el brazo, esta vez sí había reaccionado, y debo admitir que el gesto me alivió bastante.
- Puede escoger cualquiera de nuestros productos, señor.
Paseé mi mirada a lo largo de las enormes estanterías situadas en la pared y divisé un gigantesco oso de peluche al final de una de ellas.
- Ese oso de ahí, por favor. - encargué con amabilidad.
- ¿Vas a coger un oso de peluche? - ella me miró arrugando levemente su nariz.
- Es para ti.
- ¿En serio? ¿Eres de esos? - reía aún cogida de mi brazo con un tono burlón.
- Soy de esos, ¿algún problema? - arqueé una ceja siguiéndole el juego. - ¿No esta satisfecha mi cita?
- En absoluto, me encanta que seas tan romanticón e imites películas de los noventa, pero...
- ¿Pero...? - trataba de aguantar mi risa con una expresión entre asombrada y divertida.
- Prefiero ese de ahí.
Señaló una caja que contenía un muñeco, sostenía un micrófono y tenía un par de zapatillas en miniatura de repuesto, en la caja se veía el nombre ''JUSTIN BIEBER'' y había un pequeño agujero con el que podías hacerle cantar presionando lo que era el estómago. No pude evitar una fuerte carcajada que alertó a las personas que anteriormente jugaban con las máquinas de videojuegos.
- ¿Vas a hacer que te regale un mini yo de plástico?
- No eres tú, es un cantante que me gusta mucho, un respeto. - espetó con finjida seriedad.
- Ah es cierto, que yo hoy me he deshecho de la mitad de mi vida, no me acordaba.
La dependienta sacó el muñeco del mostrador con una sonrisa inevitable en sus labios debida a la escena y ____ metió el dedo por el agujero que había en el plástico de la caja. La suave melodía de ''Pray'' comenzó a sonar y ella hizo un mohín apretando la caja contra su pecho.
- Me encanta.
- Estas completamente loca. - reí tomándo su mano mientras ella examinaba su regalo. - Y me encanta. - Esto último hizo que levantase su mirada estableciendo contacto con mis ojos.
Entreabrió sus labios para decir algo pero su voz se ahogó con el sonido de su teléfono móvil sonando en el interior de su bolsillo. Contestó casi al instante.
- ¿Hola?
Unos segundos de silencio.
- Ah, hola Austin, ¿qué tal te va? ¿sigues en Los Angeles?
Joder, qué tío más plasta.
Comencé a hacer señas con las manos ordenándole que lo pusiera en altavoz mientras ella me observaba inexpresiva mientras escuchaba a su emisor.
- Ponlo en modo altavoz, quiero enterarme.
- Cállate, Justin. - me puso la palma de la mano sobre la cara mientras continuaba escuchando. - Sí que es un problema, pero ¿qué tengo yo que ver?
Lamí su mano haciendo que ella la apartara instintivamente y atrapé su móvil activando el altavoz.
- Dios, eres un guarro. - espetó mientras secaba su mano.
- Hola colega, ¿qué le estabas diciendo a ____?
- ''¿Justin?'' - preguntó extrañado al otro lado de la línea. - ''Le comentaba que estoy llevando a cabo un nuevo proyecto, tengo un nuevo single y quería grabar el videoclip pasado mañana aquí en Los Angeles, pero desafortunadamente la chica de confianza con quien contábamos se ha torcido el tobillo esta misma tarde''
Le dediqué una mirada interrogante a ____ que se encogió de hombros.
- ''Me gustaría que ____ ocupara su lugar, si no es mucho pedir''
- Sí, sí que lo es.
- ¡Justin! - me riñó ella cogiendo de nuevo su móvil.
- Ese día hay reunión del equipo, te iba a pedir que vinieras también. - recordé entonces la insistencia de Scooter, no solía asistir a las reuniones, por lo general siempre hablaban de lo mismo, estadísticas, nuevos posibles proyectos... mi mánager tenía que estar todo el día detrás de mí avisándome y esta vez me había venido hasta bien.
- ''Pero yo se lo he pedido antes'' - rió Austin al teléfono.
- Tú te callas.
- ¿Queréis parar de una vez? - cortó ____.
Comenzaron a escucharse murmullos al otro lado de la línea, Austin discutía con alguien, de pronto una voz femenina rompió el silencio.
- ''¡_____! Necesito que quedemos urgentemente, venid a cenar al hotel de Austin el día del videoclip, no creo que esa reunión tarde tanto'' - era la voz de Lily. - ''O mejor aún ¡fiesta de pijama!''
Ella y yo nos miramos confundidos.
- ¿Lily? ¿No te habías marchado ya a Nueva York?
- ''De eso necesito hablarte, me alojo en el hotel también, dile a Justin que se venga y cenamos los cuatro pasado mañana, traed pijama''.
- ''¿No podemos ahorrarnos lo del pijama?'' - esta vez era Austin que presentaba un tono de fastidio desde un segundo plano.
Volvió a formarse una discusión y sentí la necesidad de arrojar el móvil de _____ contra el suelo, pero finalmente las chicas quedaron entre ellas, desde luego, había algo ahí arriba que no quería que estuviera con ella.
Cuando levanté la mirada, me observaba con una leve sonrisa y con cierta lástima en su mirada.
- Lo siento, no pensé que pudiera pasar esto. - se acercó lentamente y rodeó mi cintura con sus brazos. - Ha sido perfecto, justo lo que necesitaba, un día solas contigo, ahora tienes que dejarme a mí planear el resto del día.
Apreté su cuerpo hacia el mío sin dejar de mirarla a los ojos, estaba sonriendo y ni si quiera me había percatado, hundí mis dedos en su pelo y rompí unos cuantos centímetros.
- ¿Qué has pensado? - susurré.
- Vamos por el coche.
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Madre mia, me encanta
ResponderEliminarGracias por empezar esta novela, vas a llegar muy lejos, eres muy grande no lo olvides
Gracias por seguir escribiendo te doy todo mi ánimo y apoyo, porque sinceramente hacia tirmpo que no leía algo tan bueno
Gracias por dejar escapar mi imaginacion por el toempo rn el que leo esto, gracias de verdad
Eres increíble no lo olvides