martes, 31 de diciembre de 2013

Capítulo 49 - Inalcanzable.


{Capítulo 49}

- ¡Will, despierta a tu prima!
La voz de mi tía Caroline retumbó por toda la casa y asomé un poco mi cabeza por encima del enorme edredón resoplando, serían las siete de la mañana, el primer día de instituto ya había llegado.
Había pasado casi una semana desde mi llegada y mi horario se había adaptado al de mi hogar de nuevo, el frío había comenzado a llegar a Canadá desde hacía semanas, no sería raro que en menos de un mes ya nos viéramos rodeados de nieve y escarcha por todas partes.
La puerta se abrió de golpe y apareció mi primo con un cepillo de dientes en la mano.
- Tierra llamando a doña ''tengo un novio famoso'', el desayuno esta en la mesa. - me dijo señalando el pasillo.
Agarré el cojín más cercano y se lo lancé, pero él fue más rápido y la almohada impactó contra la puerta. La costumbre, supongo.
Tardé un par de minutos en ser consciente de que tenía que levantarme, salí de la cama y seguidamente me tapé con mi bata de lana metiendo los pies en mis cálidas zapatillas de vaquitas. Había cosas que sí se habían echado de menos, en realidad.
Nada más llegar a Canadá lo primero que hice fue recibir un mensaje de Justin pidiéndome que se lo hiciera saber en cuanto el avión aterrizase, le llamé relatándole la estrategia de Ryan para crearse su propia cama improvisada entre tres asientos libres, había salido del avión tapado con las mantas que allí daban y con un par de almohadas diminutas bajo el brazo. Yo por el contrario había pasado todo el viaje con los cascos puestos.
Al llegar nos habíamos encontrado un comité de bienvenida compuesto por mis amigos junto a mi tía y a mi primo, el abrazo entre Christina y Ryan había sido de película, y durante el viaje de vuelta a casa, mi primo y mi tía no habían parado de hacerme preguntas ni un sólo instante. No me molestaba, casi no había tenido ocasión de contactar con ellos así que respondí con sinceridad y riendo ante sus expresiones de sorpresa. Will no paraba de repetir lo mucho que quería que le enseñase sus raps a Justin, creo que durante esta última semana no me había hablado para otra cosa.
Había sido raro para mi familia también, no se había podido evitar la presencia de algún que otro paparazzi delante de casa esperando a que saliese, de hecho ya había visto un par de fotos rondando por twitter de mí y de mis amigas saliendo por las calles de la ciudad. Personas a las que llevaba viendo desde que era niña ahora me miraban de una forma distinta, se quedaban observándome al pasar cuando antes casi ni notaban mi presencia.
A pesar de todo ello, todo había vuelto a la normalidad, había preparado mis libros, organizado las clases a las que iría y hoy tocaba comenzar con ellas. Justin y yo habíamos acordado una hora para poder hablar por Skype y toda las noches, cuando me conectaba, él estaba ahí esperando. Creo que ambos nos habíamos viciado mucho más a los aparatos electrónicos ahora que nos teníamos tan lejos, y yo continuaba utilizando mi cuenta de twitter como una fan más, Justin me había propuesto pedir a twitter la verificación de mi cuenta, pero no sentía que hubiera hecho nada para merecerla, ¿por qué iban a verificarme? ¿por ser la novia de Justin Bieber? era una completa estupidez, así que el uso de mi cuenta siguió siendo el mismo que antes de conocer a Justin, sólo que con más seguidores y más interacciones, a lo cual no terminaba de acostumbrarme aún.
Presioné el botón de encendido del ordenador y mientras éste lo hacía, me dirigí al pequeño balcón de mi habitación abriendo las puertas. La sirena de un coche patrulla se escuchaba lejana y los coches ya circulaban por las carreteras en dirección a sus respectivos trabajos, la rutina había vuelto, pero había vuelto sin él. Abrí los hierros echando un vistazo al paisaje, hacía una mañana fresca, había llovido por la noche y el rocío y el olor a tierra mojada me relajaban.
Apoyé mi cabeza en el marco del cristal cruzando mis brazos y observando mi ciudad. Nadie podía imaginar cuánto echaba de menos su olor, su simple presencia. Aunque Justin me contara todo lo que iba haciendo durante el día sentía que no era suficiente, pero supuse que terminaría por acostumbrarme a aquella sensación.
El portátil me avisó de que acababa de iniciar sesión y me dirigí hacia él abriendo la página de twitter. Lo primero que hice fue dar los buenos días, recibiendo al instante miles de respuestas, sonreí auntomáticamente y abrí el perfil de Justin. Sus últimos tweets trataban sobre la intensidad de los ensayos, sobre lo emocionante que sería la vuelta de la gira y un retweet a Ryan donde colgaba una foto de él besándo el cartel de Stratford.
Retwiteé un par de sus tweets y escribí sobre las pocas ganas que tenía de comenzar las clases, entonces mi tía volvió a insistir.
- ¡Will! ¿¡no habías despertado ya a ____!?
- ¡Ya bajo! - anuncié.
Rápidamente abrí mi armario, debería arreglarme en mi primer día de clase, para causar buena impresión, pero terminé decidiéndome por vestirme como si fuese un día normal y saqué unas mallas negras cubriéndome con una fina camiseta y un jersey sobre ésta. Me coloqué unas botas y fui directa al cuarto de baño mirándome al espejo. Estaba completamente despeinada y las imperfecciones de la cara se habían hecho demasiado notables, cepillé mi cabello dejándolo caer sobre mis hombros y lavé mi cara aplicando un poco de maquillaje para disimular.
Cogí el móvil y la mochila cargándomela en un hombro y comencé a bajar las escaleras de dos en dos hasta llegar a la cocina donde mi tía luchaba contra la pequeña televisión que había sobre la encimera para cambiar de canal.
- Buenos días. - la saludé con un beso en la mejilla. - ¿tostadas?
- Hoy cereales, es lunes. - me respondió señalándome la mesa.
Me senté rápidamente dejando la mochila en el suelo y sirviéndome los cereales de la caja mientras revisaba WhatsApp.
- ¿Necesitas que te lleve a clase hoy? - me preguntó.
- No hace falta, Jace va a pasar por aquí también. - contesté con la mirada fija en la pantalla de mi teléfono.
De pronto, el aviso de un nuevo mensaje me hizo parar la trayectoria de la cuchara en mitad del camino.
''Por aquí no soy el único que te echa de menos''
Sonreí ampliamente al ver la foto que venía adjunta, era él en la cama con el torso descubierto, miraba a la cámara haciendo un mohín y Tuts se acurrucaba sobre su abdómen con un ojo abierto y el otro cerrado.
Una canción bastante conocida me distrajo de nuevo y volví la cabeza hacia la televisión, estaba puesta en el canal de MTV y el videoclip de Beauty And A Beat aparecía como el Vídeo del Año. Mi tía logró cambiar el canal y yo me quejé pidiéndole que volviera a ponerlo. Ella esbozó una sonrisa apenas percebible y yo me giré colocando la cámara interna de mi teléfono móvil y haciéndome una foto en la que la pantalla mostraba, detrás de mí, a un chico divirtiéndose mientras cantaba en un parque acuático. La envié junto con un pequeño mensaje.
''Yo también te echo de menos, aunque tengo una ventaja''
- Vamos ____, vas a llegar tarde a clase, William, métete en el coche.
Mi tía iba y venía como cualquier día, trabajaba como dependienta en unos grandes almacenes por lo que siempre iba de aquí para allá poniendo nervioso a cualquiera, cosa que traía de vuelta a casa.
- ¿Por qué no puedo sacarme el carnet de conducir? Todos mis amigos se lo han sacado ya y yo soy el único imbécil al que sigue llevando su madre. - se quejaba mi primo cargando su mochila al hombro y levantándose del sillón.
- Te presentarás a tu licencia para conducir cuando pueda estar segura de que la aprobarás y de que no estrellarás a tu examinador contra algo, - le esperaba mi tía en la puerta. - además, no tienes dinero para un coche.
- Bueno... siempre puedo recurrir a mi queridísimo cuñado. - me miró con una leve sonrisa que no inspiraba ninguna confianza.
- Ni en tus sueños más locos, enano. - respondí seca antes de coger una manzana para echarla en mi mochila.
El claxon de un coche tocó justo en la puerta de casa, supe al momento que era Jace por su insistencia, era de lo más impaciente cuando se refería a dejar que me preparase. Pasé junto a mi primo que vino detrás mía saliendo de casa.
- ¿Qué gracia tiene que mi prima salga con un millonario si no puedo pedirle cosas?
- Will, como no te calles pienso coger el coche de la tía Caroline y arrollarte antes de que nadie pueda pararme.
Esbozó una mueca de burla y me dio un suave empujón antes de entrar en el coche de mi tía.
Puse los ojos en blanco exhalando un suspiro de impaciencia y me metí en el Seat antiguo de Jace, el color rojo estaba muy desgastado pero mi amigo amaba ese coche más que a su propia vida.
- Buenos días, chicos.
- ¿Me estas tomando el pelo?- exclamó Christina desde mi lado acurrucada en el asiento trasero mientras yo cerraba la puerta.
- No le hagas caso, lleva así toda la mañana, buenos días. - reía Helena girándose desde el asiento del copiloto.
Me incliné en mi asiento y besé la mejilla de mis dos amigos de delante echándome poco después en el hombro de Christina que intentaba volver a dormir.
- ¿Volviste a hablar con Pattie sobre aquello? - dijo Jace mirándome a través del retrovisor.
Recordé entonces la larga charla que ella y yo habíamos tenido por teléfono poco después de llegar, insistió en hablarlo en persona pero terminé por hacer que me lo desvelase, tenía la dirección del orfanato en el cual me había dejado pocos meses después de nacer, la verdad es que no sabía del todo bien por qué le había pedido precisamente aquella dirección, nadie mejor que Pattie para darme información acerca de mi madre biológica, pero sentí que necesitaba volver a aquel sitio.
- No, pero creo que voy a ir, no sé cuándo, pero...
- Tómate tu tiempo, nosotros iremos contigo. - me tranquilizó Helena girándose una vez más.
- Para colmo, a primera hora me toca ir a la clase de la mutante. - se quejó entonces Christina completamente salida del tema haciendo referencia a la profesora de matemáticas. - Ah, y ellos no te lo habrán contado pero yo sé algo que no te va a gustar nada de nada sobre las clases de este año, fuimos a ver los alumnos que había en cada clase.
- ¡CHRISTINA! - saltaron Jace y Helena a la vez.
Miré a todo el mundo alarmada, sin saber cómo reaccionar.
- ¿Qué pasa?
- Si se va a dar cuenta tarde o temprano, al menos yo la preparo para el palo. - explicó mi amiga desde mi lado y me tomó la mano. - Cariño... adivina qué maravillosa persona ha caído en todas y cada una de tus clases durante este último curso.
Que no dijera su nombre, que no dijera su nombre, que no dijera su nombre... Miré a Helena que me observaba con cierta preocupación para después desviar su mirada hacia a Jace, ambos parecían compadecerse de mí.
- No puede ser.
- Pues sí, tienes a tu amiga Leslie pegada al culo todo el año, ¡yuju!
De repente, la idea de pasar encerrada todo el año en la gira de Justin con un profesor particular no me pareció tan mala.


·Narra Justin·
- ''Y ¿cómo van las cosas por allí, hermano?''
Mantenía el teléfono móvil pegado a la oreja utilizando el hombro mientras me echaba el zumo de naranja del desayuno, Ryan me había llamado con la excusa de ver si estaba bien, pero se le notaba demasiado cuándo estaba a punto de morir de aburrimiento.
- Normal, aunque Fredo es un quejica, no puedo pasearme desnudo ni por mi propia casa.
- Que miles de chicas esten dispuestas a ver eso no tiene que hacerte pensar que yo también quiera. - respondió Alfredo apareciendo por detrás y robándome el vaso de zumo.
- ''Dile que no sea tan duro contigo, estas a dos velas''
- Ryan, deja de decir eso, ni que tú tuvieras sexo todos los días.
- ''Lo tengo más que tú, con eso es suficiente.''
- Que te den. - reí concentrándome en llenar un nuevo vaso. - ¿Has llevado esta mañana lo que te dije al instituto?
- ''Que sí, joder.''
- ¿Con la nota?
- ''Pesado, te he respondido ya a los cinco mensajes, a ver si lees a otros que no sean ____, tu mariconada va a llegar bien, ahora hablemos sobre que mojo más que tú''
- Ryan, ahora que tenemos novias estables, nos toca madurar, así que nada de batallas como esa. - le contesté aguantando la risa.
- ''No se considera ni una batalla, es patético que seas un artista reconocido y el chapuzas de tu mejor amigo tenga más sexo que tú''
- ¡Qué pesado eres, joder! - carcajeé.
- ''Justin el monje, el sexo sólo debe usarse para procrear, así lo dicta su señor.'' - era increíble que no riera mientras lo decía. - ''Actualmente instalado en el Tibet, buscando su paz interior con unos pantalones que parecen más un saco de patatas tuneado que otra cosa, él no se empalma nunca, su capacidad sexual es ilimitada''
- Maldito gilipollas... - continué riendo mientras tomaba un pequeño sorbo de zumo. - Di lo que quieras pero a veces no se trata de cantidad, sino de calidad, y tengo la espalda llena de marcas de arañazos, ahí lo dejo.
- ''Estarás aquí en Navidad ¿no?''
- Como siempre. - asentí sonriendo levemente con sólo pensaro.
- ''Pues el que consiga hacerle no uno, sino dos marcas en el escote a su chica antes, gana, ya tenemos apuesta para cuando vuelvas''
- Recuerdo cuando esas apuestas se basaban en bajar en trineo por alguna cuesta... fíjate hasta dónde hemos llegado.
- ''Siempre tuviste muy mal perder, Bieber... por cierto ¿qué tal los ensayos?''
Trasladé el vaso de zumo a la encimera y me senté en uno de los taburetes levantando las piernas para apoyar los pies en la mesa mientras me acomodaba, recordé entonces todos y cada uno de los días en el que en pleno ensayo, Katia había irrumpido con la excusa de ver qué tal le iba a su prima, era increíblemente pegajosa, como el resto en la gira se pareciese a lo que estaba sufriendo aquellos días iba a terminar por tirarme de las alas del decorado en mitad de un concierto.
- Hablemos de otra cosa, ¿qué tal esta Christina? - encendí la televisión de la cocina y llevé el vaso de zumo a mis labios mientras pasaba de canal inconscientemente y Ryan comenzaba a soltarme su habitual rollo de cada vez que le preguntaba por su relación.
Seguí con la mirada a Tuts que acababa de dar un salto hasta la silla y de ahí a la encimera y había comenzado a hurgar y a meter la cabeza en el interior del paquete de galletas de Alfredo y reí sin darme cuenta de que había puesto un programa del corazón.
'...actualmente telonera del cantante internacional Justin Bieber, Ariana Grande, hizo pública su relación amorosa con Justin durante los pasados días afirmando que no fue fácil comenzar aquello por los hechos acontecidos recientemente y desmiente la supuesta relación que mantiene él con una de sus fans, increíble pero cierto que...'
- ''Es increíble tío, estoy todo el tiempo pensando en ella, es una obsesión, creo que me estoy enamorando.''
El zumo se me coló por el lado equivocado y comencé a toser y a toser con tanta fuerza que hasta se me saltaron las lárimas.
- ¿QUÉ? - le grité al teléfono.
- ''Oye, tampoco es tan raro, no estoy hecho de piedra''
- Cállate, Ryan, enciende la tele en la FOX. - ordené subiendo el volumen de la televisión cuando pasaron a unas imágenes grabadas. Era Ariana en la calle, rodeada por micrófonos para poder captar lo que iba a decir, reconocí la calle, era el mismo lugar donde días antes la había salvado del acoso de tantos periodistas.
'En cuanto le conocí comenzamos a hablar y a hablar y me dí cuenta de lo buen chico que era, es decir...' parecía incómoda, no miró directamente a la cámara en ningún momento. 'hemos empezado a salir y me gustaría aclararlo antes de que nadie diga que él esta supuestamente engañando a la que se dice que es su actual pareja, Justin es un chico fiel'
El vídeo continuó grabando, se vio como todos los periodistas se echaron sobre Ariana bombardeándola a preguntas, fue en aquel momento cuando abrieron paso y me ví a mí mismo agarrando a Ariana y metiéndola conmigo en el coche.
Guardé silencio durante los siguientes minutos, aquellas palabras no paraban de repetirse en mi cabeza, recordé de golpe cuando no había querido decirme qué había pasado exactamnte con todos aquellos paparazzi, mi cabeza no paraba de dar vueltas a la velocidad de la luz, la voz de la presentadora de aquel programa del corazón continuaba escuchándose por toda la cocina pero casi no distinguía lo que decía.
- ''¿Justin? ¿sigues ahí?''
Dejé el móvil sobre la encimera y caminé fuera de la cocina pasando por delante de Alfredo que venía en mi busca, seguramente por haber visto también la noticia. Ignoré sus preguntas y me dirigí al cuarto donde guardaba el piano entrando y dando un fuerte portazo a mis espaldas.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Capítulo 48 - Inalcanzable.



{Capítulo 48}
·Narra Justin·
Suspiré pasando las manos por mi pelo por enésima vez aquella madrugada y apoyé ambos codos en la mesa de mezclas hundiendo la cara entre las palmas de mis manos, era consciente de que seguramente tendría una pinta horrible en aquel momento.
Tras volver a casa todo había ido sobre ruedas, creo que conseguí hacerla olvidar nuestra separación durante toda la noche, sonreí para mis adentros al recordarlo. Lo complicado llegó cuando ella cayó dormida y a mí me resultó prácticamente imposible. Pasé mirando fijamente el techo un par de horas seguidas, estaba convencido de que en cualquier momento mis ojos se cerrarían solos, pero mi mente no paraba de jugármela. Esporádicamente se escuchaba a través de la ventana el sonido de los coches al pasar, pero mi cabeza sólo podría concentrarse en que una vez que ella se hubiese marchado, volvería a sentirme solo aún encontrándome rodeado por cientos de personas. Le daba mil y una vueltas a cómo sería la sensación de tener que acostarme sin saber que ella vendría detrás mía o que podría encontrarla en la habitación de al lado, que no escucharía sus pies descalzos deambular por la casa por la mañana al desayunar. Continué torturándome durante el tiempo suficiente como para decidir que tenía que ocupar mi mente con otra cosa, así que, sin hacer ruido alguno, me vestí y lo siguiente que recuerdo es que estaba sentado dentro del estudio con una libreta sobre el regazo escribiendo letras de canciones que ni había planeado, simplemente escribía y escuchaba la melodía en mi cabeza.
Me eché sobre la mesa de mezclas cruzando mis brazos sobre ella y hundiendo la cabeza en ellos, eran las cuatro de la madrugada, en una hora, ella se despertaría para ir al aeropuerto, tendría que fingir que llevaba todo aquello bien, abrazarla y dejarla ir. Me repetí a mí mismo que estaba exagerando.
Ella necesita espacio también, como empieces tan fuerte y tan seguido terminarás asfixiándola, Bieber.
Me aferré a aquella idea con todas mis ganas y de algún modo logré dar un pequeño giro a mi situación.
No tendría su risa ni sus piques, no podría cuidar de ella ni yo mismo lograría ya tener la  confianza que ella misma me otorgaba cada vez que los medios estaban allí para intentar que cayera una vez más. Tendría que continuar afrontándolo sólo, llevaba toda la vida valiéndome por mí mismo pero ahora que la había conocido, su simple presencia había hecho que toda aquella carga resultase un tanto menos pesada. Todo volvería a la normalidad, incluso puede que peor ahora que todo el mundo se había enterado de que éramos pareja. Había estado evitando a la prensa todo aquel tiempo que ella había estado a mi lado pero llegaría un momento en el que tendría que hacerle frente.
Arranqué la hoja que había escrito y la doblé metiéndola en el bolsillo de mis pantalones para poco más tarde lanzar la libreta lejos de mí. Me quedé observando la cabina de grabación durante unos segundos sumido en mis pensamientos hasta que me di cuenta de que si no me ponía pronto en marcha, ella se daría cuenta de que me había ido.
Saqué mi iPhone revisando los mensajes, nadie había notado mi ausencia en casa. Lo abandoné entonces sobre la mesa caminando hacia el diminuto aseo que había nada más salir de aquella habitación y me encerré en él echando el cerrojo.
Esta bien, necesitaba relajarme y aparentar control sobre la situación, necesitaba inspirarle confianza sobre su partida, aunque la idea de volver a proponerle una educación con un profesor particular mientras se quedaba en la gira no paraba de rondarme por la cabeza.
Miré entonces mi reflejo exhalando un profundo suspiro, ya había pasado otras muchas noches en vela, normalmente pasaba inadvertida tan sólo colocándome unas gafas de sol, pero aquella vez no tenía que aparecer ante una cámara, resultaría extraño acompañarla con gafas de sol hasta el aeropuerto, y más si era a las cinco de la mañana cuando aún ni había salido el sol. Dejé que el agua corriera hasta llenar el lavabo y junté ambas manos para sumergirlas y recoger el agua que poco después esparcí por toda mi cara. Repetí esta misma acción unas tres veces hasta sentirme un poco más despierto y levanté la mirada a mi reflejo.
- Pareces gilipollas, Bieber. - musité mirando a aquel chaval con ojeras y una expresión decaída.
No me quedaba otra, debía afrontar aquello, sólo sería un tiempo y podía ir a visitarla siempre que pudiera, o pagarle un fin de semana para llevarla a Latinoamerica. Eso haría.
Tragué saliva y tras unos minutos, decidí volver a casa y meterme en la cama para ser lo primero que viera al despertar.
Agarré el pomo de la puerta tirándo del pestillo con fuerza pero nada pasó. Me quedé unos segundos sin hacer nada sin poder creerme que aquello me estuviera pasando, volví a intentarlo pero era completamente imposible, no se movía, me estaba dejando los dedos intentando abrir el pestillo pero estaba completamente atascado. Mi respiración se ralentizó y sentí cómo mi corazón comenzaba a bombear el doble de rápido, aquello no podía estar pasando.
Al cabo de un rato, mi nivel de desesperación era tal que terminé tratando de echar la puerta abajo, todo en vano.

·Narra ____·

Casi no lograba ver con claridad a través de la ventanilla del coche, el frío ambiente de la madrugada las había empañado, pequeñas gotitas de humedad discurrían interrumpidamente sobre la superficie del cristal y tan sólo lograba distinguir las luces de las farolas que pasaban intermitentemente iluminándome débilmente.
Estaba acurrucada en el asiento trasero, con la mirada perdida, sin poder creerme que no estuviera allí conmigo. ¿Cómo había podido dejarme sola justo en aquel momento, cuando más le necesitaba a mi lado?
Al principio no había querido aceptarlo, nada más despertar y ver que estaba completamente sola comencé a buscarle por toda la casa, ni en la sala del piano, ni en el balcón, ni en la cocina, hasta salí a la playa para ver si había ido a dar un paseo, nada, ni rastro. Lo primero que pensé es que podría haberle pasado algo, la verdad es que me asusté bastante, así que corrí al encuentro de Ryan que acababa de despertarse y aún con los párpados pegados, cogió su teléfono móvil para tratar de localizar a Justin.
Aún tenía cierto temblor en las manos desde que le habíamos dejado a Justin cuatro llamadas perdidas, nadie lo cogía y mi miedo fue en aumento, pero entonces Ryan me cogió de las manos y, después de calmarme durante unos segundos me explicó que a Justin nunca le habían gustado las despedidas.
''Normalmente suele hacerles frente, cuando le toca separarse de nosotros, de su madre o cualquiera del equipo, pero contigo... contigo es distinto, puede que no haya sido capaz, tal vez sólo necesite evitar todo esto, sé que te resultará injusto, pero como amigo suyo creo que deberías intentar comprenderle, él te quiere mucho'' me había dicho.
No había podido evitar liberar un par de lágrimas al ser consciente de que no podría despedirme de él y que anoche fue la última vez que le vería en mucho tiempo, pero seguí los consejos de Ryan y recogí mis cosas en silencio, con ayuda de Alfredo, dejando la habitación exactamente como la encontré al llegar.
Antes de irme recorrí la casa al completo, haciendo memoria de cada uno de los recuerdos que había vivido allí dentro, y tras unos achuchones a Tuts y un último vistazo a mis espaldas de la casa, salí de allí en el coche de Alfredo con Ryan en el asiento del copiloto con destino a LAX, el famoso aeropuerto internacional de Los Angeles.
Había un silencio sepulcral en el coche, me habría mostrado cariñosa y sonriente con los chicos en los últimos momentos para crear un bonito último recuerdo, pero ¿a quién quería engañar? me sentía como una verdadera mierda y trataba de no juzgar a Justin pero él tenía que estar allí, en ese asiento trasero, conmigo, y mi mano debería estar agarrada a la suya hasta poner un pie en aquel dichoso avión.
Exhalé un leve suspiro y cerré los ojos, ya no sabía si era por puro cansancio o el hecho de no querer recordar ni un sólo detalle del viaje de vuelta a Canadá, tan sólo faltaban días para comenzar las clases, ya no podía alargar más aquello, por el contrario, a parte de tener que acostumbrarme al cambio horario, también se me haría mucho más difícil.
Me acomodé los auriculares y dejé que una melodía a piano me invadiese, tal vez la música consiguiera hacer el trabajo y sacarme todos aquellos pensamientos de la cabeza hasta llegar a casa. El suave balanceo del coche me mecía, y mis ojos se iban cerrando poco a poco, su sonrisa no paraba de verse reflejada en mi cabeza.
''Al parecer, la claustrofobia no era su único miedo'' pensé resignada antes de dejar que el sueño pudiese conmigo.


·Narra Justin·

Maldita claustrofobia.
Había intentado sentarme y estar tranquilo exactamente trece veces en la última hora, necesitaba respirar, y no sólo eso, el móvil no había parado de sonar desde que me había quedado encerrado, la impotencia era creciente y a ello se le sumaba el increíble dolor de cabeza que me daba el sentirme tan agobiado. Había decidido que esperaría a que alguien viniese al estudio, pero por lo que parecía, a nadie más se le ocurría ir a grabar o componer a las cinco de la madrugada.
Mi respiración era cada vez más pesada, y comencé a escuchar cierto pitido en mi pecho al respirar. Si no me calmaba en seguida iba a darme algo.
Mordí mi labio con fuerza hasta el punto de quererlo hacer sangrar y estampé mi espalda contra la pared bruscamente dejándome caer lentamente hasta sentarme en el suelo con la cabeza apoyada en los azulejos del diminuto aseo. Cerré los ojos. Aún no podía creerme que me estuviera pasando aquello, yo sólo quería despejar mi mente y ahora ella estaba sola, y lo peor es que no podría verla una última vez. El simple pensamiento me desgarraba por dentro, no podía estar pasando.
Mi respiración era cada vez más irregular, levanté la cabeza con la boca entreabierta y traté de llenar los pulmones, aquel lugar cada vez me parecía más diminuto. Apreté mis párpados y me obligué a mí mismo a pensar en otra cosa. Mi cerebro me llevó directamente al recuerdo del ascensor, cuando ella, en un impulso, paró el aparato tratando de quedarse a solas conmigo para poder hablar las cosas sin ser consciente de que lo acababa de averiar. Sonreí casi sin darme cuenta al recordar su expresión de apuro mientras la regañaba. Realmente se la veía preocupada, fue entonces cuando buscó la solución para tranquilizarme hasta dar con ella, simplemente alzó la mirada y...
Abrí los ojos de golpe y lo primero que hice fue mirar hacia el techo.
Bingo.
Me levanté de un salto y bajé la tapa del váter para poder subirme a éste y lograr llegar a la altura de los conductos de ventilación. Tras una breve examinación, saqué la rejilla metálica dejándola caer al suelo y me asomé por allí.
Era el espacio más reducido en el que me había podido meter nunca, y no tenía la más mínima idea de si aquello sería capaz de aguantar mi peso, por lo que podría caerme o quedarme atascado, o quizás ambas cosas a la vez.
Me quedé unos minutos mirando aquel conducto. Era mi única posibilidad de llegar a tiempo al aeropuerto, si iba a hacerlo, tenía que hacerlo ya.
Cogí aire y asentí decidido, realmente estaba aterrorizado.
Metí los brazos y tras un pequeño impulso fui introdujendo poco a poco todo mi cuerpo en el conducto, por cada crujido que provocaba mi peso, mi corazón se aceleraba un poco más, tenía que ir más rápido. Una vez completamente dentro, fui avanzando como pude entre el polvo, me era increíblemente difícil, las paredes comprimían mi cuerpo y la claustrofobia era mayor que nunca, casi podía sentir mis latidos en la garganta. Pasé tratando de avanzar unos minutos que me parecieron horas insufribles, hasta que por fin, logré divisar una nueva rejilla metálica y avancé como pude hasta ella.
Miré a través de los pequeños agujeros, era la sala de grabación.
Sin pensármelo dos veces, di un fuerte cabezazo contra la rendija que cedió y cayó al suelo creando un fuerte estruendo.
- Joder... - me quejé mientras me frotaba la zona de la cabeza que había impactado.
Me asomé dándome cuenta de la altura a la que estaba del suelo, y que sólo podía caer de cabeza, aunque tenía los brazos para frenar la caída, pero no dejaba de ser peligroso.
Estaba prácticamente temblando mientras me decidía. Si había llegado hasta allí no podía echarme atrás ahora, más que nada porque echarme atrás supondría volver a pasar otros diez minutos de compresión en aquel infierno compuesto por polvo para volver al jodido aseo. Tenía que tirarme.
Cerré los ojos y comencé a contar lentamente hasta tres hasta que me lancé al suelo cayendo sobre mis antebrazos y dando un fuerte golpe con ambas rodillas en el suelo.
- ¡Aggggh! - exclamé dolorido mientras me levantaba, era libre.
No dudé en correr fuera de la sala hasta la habitación donde se encontraba la mesa de mezclas separada de la sala de grabación por un inmenso cristal transparente. Agarré el móvil y las llaves del coche y salí de allí como alma que lleva el diablo.
Me metí en el coche y lo arranqué sin ninguna paciencia adentrándome en las solitarias carreteras mientras comenzaba a escuchar los mensajes de voz que me había dejado Ryan.
''Justin, soy yo, oye tío, tienes que venir estes donde estes, _____ se esta volviendo loca y no sé qué más decirle''

''Bieber, coge el putísimo teléfono o te quemo el jodido armario, te lo prometo''

''De verdad, simplemente dime donde estas e iré a ayudarte, pero necesito que cojas el móvil, ella te necesita mucho ahora''

''Esta vez no tenían que salir así las cosas, colega.''

Me acababan de entrar unas ganas inmensas de vomitar después de escuchar los mensajes, iba a 180 por hora, con el corazón a mil y con un sólo pensamiento en la cabeza, tenía que llegar.
Tenía un sentimiento que mezclaba la rabia, la impotencia y el dolor y que me estaba deborando por dentro mientras conducía a toda pastilla por la autopista, la imaginaba subiendo a aquel avión, enfadada conmigo, necesitaba abrazarla una última vez antes de que se fuese. Entonces una luz intermitente bajo el volante del coche llamó mi atención. El depósito de gasolina estaba a punto de terminarse, definitivamente, aquel no era mi día.
- ¡MIERDA! - grité furioso.


·Narra ____·

- Eres un maldito gallina tío, venga ya. - animaba Fredo a Ryan desde mi lado mientras yo mantenía la mirada fija en la puerta.
Ya habíamos facturado las maletas, en la entrada del aeropuerto nos habíamos encontrado con Anna, Nora, Scooter y Dan que habían venido a despedirse, me había quedado un tiempo hablando con ellos para hacer tiempo, aún guardaba la esperanza de que Justin apareciese, pero nada ocurrió y llegó la hora de ir a la sala de embarque donde esperábamos.
No dudaba en que si habíamos logrado colar a Alfredo, Justin también sería capaz de hacerlo, pero he de admitir que le esperaba ya sin ninguna esperanza.
- No soy un gallina, si no me das nada a cambio, ¿qué sentido tiene hacer el ridículo delante de todo el mundo? - discutió Ryan.
Por lo que había logrado captar, Alfredo le había retado a marcarse un baile en mitad de todo el mundo.
- Muy bien, me apuesto tres muffins de distintos sabores a que no bailas delante de todos con música incluida. - le retó Alfredo con una expresión impenerable.
Ryan entrecerró los ojos muy serio.
- Vas en serio, eh.
- Yo nunca bromeo con los muffins.
Me removí en mi silla y esbocé una sonrisa divertida observándoles. Qué tontos.
- ¿Qué te parece si bailo el Hoedown Throwdown?
- ¿El qué?
- El baile estilo country de Miley Cyrus que aparecía en esa película de...
- Vale, suficiente, con que me digas que es country me conformo, tengo que verte bailar country. - reía Alfredo.
Su risa se intensificó cuando Ryan se levantó de su asiento subiéndose los pantalones con una mano y buscando la canción en su móvil con la otra. Pasaron unos segundos hasta que comenzó a sonar la melodía y abrí mi boca al reconocer la canción de la película de Hannah Montana, aquella que no paraba de bailar cuando era una cría. Alfredo estalló en carcajadas cuando Ryan empezó a imitar a la perfección cada uno de los movimientos con la música a tope, tapé mi cara sin dejar de reír ni un sólo instante viendo cómo Ryan daba palmas mientras movía los pies de un lado a otro.
Un agente de seguridad se acercó y le pidió a Ryan que volviera a su asiento y apagase la música porque estaba molestando a las demás personas y tuve que esconder mi cara en el homro de Alfredo para que nadie escuchase mis carcajadas.
- Me debes cuatro muffins. - susurró Ryan al regresar a su asiento.
- Pero eran tres. - replicó Alfredo.
- Otro por la regañina que me acaban de echar, eso no estaba previsto, yo soy un tío legal.
- Qué especial eres, Ryan. - reí.
Al menos, los chicos lograron hacerme olvidar acerca de la ausencia de Justin durante los siguientes quince minutos, no paré de reírme un sólo segundo. También les iba a echar mucho de menos a ellos, aunque a Ryan no tanto, ya que seguramente le vería de vez en cuando por venir a ver a Christina. Aún así no sería lo mismo, sus tonterías también habían provocado más de la mitad de mis sonrisas desde que me incorporé. Adoraba que Justin pudiese confiar en amigos como ellos y me tranquilizaba, porque sabía que lo dejaba con personas que no le permitirían cometer ninguna estupidez.
Una voz bastante irritable sonó a través de los altavoces que ponían al tanto de los vuelos que entraban y salían.
''Los pasajeros del vuelo 3518 con destino a Toronto, Canadá, pasen por la puerta de embarque número cinco, por favor''
Nos miramos entre nosotros ahogando las bromas y los tres nos pusimos en pie a la misma vez, había llegado el momento.
Cogí mi equipaje de mano y esperé cabizbaja a que Ryan y Alfredo terminaran de despedirse. Entonces Fredo se giró hacia a mí haciendo un mohín.
- Aw, Fredo... - le imité exagerando una expresión triste y me abrazó con tanta fuerza que al poco rato sentí que me faltaba el aire.
Llené su mejilla de besos y me despedí con la mano mientras Ryan me cogía por la cintura para avanzar hasta la cola para embarcar en el avión.
Me costaba respirar, de pronto me habían entrado muchas ganas de llorar, pero sacudí la cabeza e intenté deshacerme del increíble nudo que se me había formado en la garganta.
La máquina que verificaba los tickets sonaba repetidamente haciendo que la cola avanzase, cerré los ojos con ese pitido retumbando en el interior de mi cabeza y decenas de recuerdos se me vinieron de golpe, su sonrisa me llenaba cada vez que la recordaba, cómo me miraba siempre que me veía aparecer, el brillo en sus ojos mientras me había estado cantando, cada una de sus tonterías, las veces que habíamos hecho travesuras, su risa en mitad de un beso, sus manos deambulando bajo mi ropa.
Mordí mi labio reteniendo las lágrimas y eché un último vistazo a mis espaldas, hacia la puerta. Nadie.
Cogí aire temblorosamente y cedí mis billetes de avión y los de Ryan a la azafata para que los escanease, no vendría.
- ¡Pero tengo que entrar antes de que suba al avión!
Su voz resonó por toda la sala y me giré casi movida por un resorte.
Antes de que nadie pudiese hacer un sólo comentario, yo ya corría hacia la puerta donde el mismo agente de seguridad que momentos antes había reñido a Ryan, ahora no dejaba pasar a Justin.
No me dio tiempo de llegar hasta ellos, en cuanto Justin me vio aparecer de entre la cola, apartó el brazo del agente y corrió a mi encuentro para más tarde fundirnos en un fuerte abrazo donde no fui capaz de contener más mis lágrimas.
Me desahogué por completo sobre su hombro, y él me dejó hacerlo mientras acariciaba suavemente mi pelo por detrás sin dejar de abrazarme ni un segundo. Ahoguaba mi llanto entre su cuello y su hombro, hasta que poco a poco me fui calmando y mi pecho dejó de moverse al ritmo de mis sollozos, cuando terminé, él se quedó en completo silencio durante unos segundos, simplemente disfrutábamos de aquel instante, y tras ello, como en un suspiro, lo exhaló, casi como para sí mismo.
- Te quiero.
Sentí cómo todo mi cuerpo se hacía más pesado y mi corazón se encogía de golpe, ¿cómo iba a ser capaz de marcharme ahora?
Separé mi cuerpo del suyo y él apoyó su frente contra la mía para mirarme directamente a los ojos, y con ambos pulgares secó las lágrimas de mis mejillas mientras sostenía mi cara.
- Yo también te quiero. - susurré sin poder dejar de mirarle.
Justin esbozó una dulce sonrisa que terminó de partirme en dos.
- Voy a echarte mucho, mucho, mucho de menos, no quiero que te vayas.
- No me quiero ir.
- Hablaremos cada uno de los días, por favor, prométeme que te cuidarás.
- Prométeme tú que no dejarás que nadie te haga daño, eres más fuerte que todos ellos juntos.
- La única que puede dañarme eres tú.
- Ven a verme cuando puedas Justin, por favor.
- Lo haré, preciosa. - y me atrajo hacia sí de nuevo besando mi cabeza. - Cúidate.
Le abracé de nuevo pero la mano de Ryan sobre mi hombro me obligó a apartarme.
- Tenemos que irnos ya, ____, somos los últimos que quedan. - me avisó.
Asentí tragando saliva y Justin tomó mi barbilla para levantar mi cara y depositar sobre mis labios un dulce beso de despedida que duró más de lo previsto. Sus labios parecían poder deshacerse sobre los míos, me provocaba pequeñas descargas por todo el cuerpo. Sentí su sonrisa sobre mi boca, me la contagió al instante y me separé con una débil risa.
Miré cómo Ryan y Justin se abrazaban.
- No dejes que le pase nada malo. - le dijo mi novio a su mejor amigo.
Éste sonrió dándole una suave palmada en la espalda.
- Hasta pronto, colega.
Y volvimos a encaminarnos hacia la puerta para entrar al avión, pero esta vez de una forma muy distinta, miré hacia atrás mientras Ryan me guiaba cogiendo mi mano y le ví allí, sonriéndome, Alfredo se había acercado pero él tenía todos sus sentidos puestos en mí. Movió sus labios y logré descifrar un ''te amo'', antes de que las puertas se cerraran detrás de mí, entonces fui consciente de que le tendría de nuevo a mi lado muy, muy pronto.

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domingo, 15 de diciembre de 2013

Capítulo 47 - Inalcanzable.




RECOMENDACIÓN (muy muy muy muy recomendado) : Descargad la canción UNCOVER de Zara Larsson y no escuchadla hasta el momento que salga en este capítulo, se hace muchísimo más bonito, igual hasta consigo que soltéis alguna lagrimita. ;)

{Capítulo 47}
Estaba despierta, pero aún no había abierto los ojos, sentía que aún era demasiado temprano y me dije a mí misma que debía volver a dormirme para no despertar a Justin. Su olor estaba por todas partes, adoraba dormir en su cama, me sentía mucho más cómoda allí hecha un ovillo y a su lado, además adoraba despertarme y escuchar su respiración calmada mientras él... un segundo, no escuchaba nada.
Traté de colocar mi brazo sobre él pero éste calló sobre el colchón y por fin abrí los ojos confirmando su ausencia. Me incorporé sobre el colchón desperazándome durante unos segundos y echando un vistazo a aquella habitación, hoy era el último día que pasaba aquí.
Una fuerte oleada de decepción me recorrió por completo pero me di cuenta de que debía disfrutarlo como fuera y a ser posible no tener en cuenta que al día siguiente tenía que coger un vuelo para irme a Canadá.
Noté la textura de mis labios seca como si fuese papel de lija y pasé mis labios sobre ellos observando las guitarras que había colgadas en la pared, mi mirada se detuvo una vez más en la cómoda de al lado de la cama, la que tenía tantas fotos de su familia y cogí una en la que Jazmyn y Jaxon salían tirándose sobre Justin que sonreía dulcemente a la cámara. Volví a sentir ese pequeño pellizco de compasión, cuando llegase a Canadá lo primero que haría sería contactar con Pattie para ver si podía conocer a los hermanos pequeños de Justin.
Mi móvil vibró desde la mesilla de noche en la otra punta de la cama, aún no había mirado ni la hora que era, tampoco tenía idea alguna de dónde podría estar Justin. Atravesé la cama gateando hasta llegar a mi teléfono móvil y lo cogí cegádome con el brillo de la pantalla durante unos segundos hasta acostumbrarme.
''1 mensaje de Justin''
Miré la hora, las 9:24, era muy raro que Justin hubiese salido de la cama tan temprano. Fruncí el ceño temerosa de que el mensaje pudiese contener alguna mala noticia, algún motivo por el cual no poder estar con él el último día, sin embargo lo que leí me extrañó aún más.
''Hoy tus pies caminarán por algo un poco más agradable que el suelo a primera hora de la mañana, ¿no tienes hambre?
- J.''
- Este chico desvaría... - susurré para mí misma arrugando la nariz y releyendo de nuevo el mensaje por si lo había comprendido mal, aquello no tenía ningún sentido.
Dirigí a mirada entonces hacia la puerta, estaba cerrada, y mis ojos percataron algo bajo esta que no había estado ahí durante la noche, eran, ¿pétalos?
Seguí con la mirada el camino que había desde la puerta hasta los pies de la cama hecho exclusivamente con pétalos de rosa y una leve sonrisa asomó en mi rostro, no me lo podía creer.
Mi sonrisa se intensificó al comprender y bajé de la cama hundiendo los pies entre los pétalos. Sin pensármelo mucho más comencé a seguir el camino que Justin había marcado y abrí la puerta viendo que éste continuaba por el pasillo. Caminé sobre la suavidad de aquellos pétalos hasta el final del pasillo que daba al balcón-terraza con vistas a la playa donde había tenido mi pequeña charla con Jace antes de que mis amigos se fueran. Salí al exterior y encontré una pequeña mesa cubierta por un mantel azul claro y con un pequeño florero que contenía un par de margaritas, una jarra llena de lo que parecía ser zumo de naranja y dos vasos sobre ella. De pronto, Justin salió al exterior después de mí vestido con un pequeño delantal blanco que le quedaba ridículo y a la vez adorable, llevaba en ambas manos dos platos cada uno con una pequeña torre de tortitas.
- Buenos días preciosa, ¿te apetece desayunar? - preguntó dejando ambos platos sobre la mesa y apartándo una de las sillas para ofrecerme asiento.
Me miró con una pequeña sonrisa y me derretí instantáneamente, ¿cómo era posible? ¿de verdad se había tomado tantas molestias por mí?
Sólo pude dejar escapar una risa de lo más estúpida antes de acercarme a él y agarrarle por la camiseta dándole un dulce beso sobre los labios, gesto que acogió al instante correspondiéndolo con un poco más de pasión. Me separé poco a poco para sentarme y acercarme a la mesa mirando el desayuno con una amplia sonrisa.
- Con sirope de arce, para que nos sintamos un poco más cerca de nuestro hogar. - rió besando mi mejilla desde atrás. - Espero que sepan bien, o el tío de ese programa de cocina se habrá quedado conmigo.
Mordí mi labio riendo y me giré para mirarle.
- ¿Te he dicho ya que eres increíble?
Realmente lo era, mi chico detallista y perfeccionista, cada vez conseguía que le quisiera aún más aún cuando parecía imposible seguir creciendo. Me abrazó por detrás y cogió el poco de nata que había sobre la pequeña montaña de tortitas para adornar el plato y me la puso sobre la nariz riendo de esa forma tan tierna que me volvía completamente loca. Yo giré mi cara frotando mi nariz contra su mejilla y limpiando la nata para después llevármela de su cara a besos. Al cabo de un rato por fin dejé que Justin se sentara frente a mí, desayunar escuchando el sonido de las olas era algo digno de vivir, y más si era a su lado.
- ¿Tienes algo que hacer hoy? - le pregunté mientras devoraba mi plato con ganas.
- Sólo una cosa, y requiere toda mi atención. - él sonrió al ver que aquella respuesta me había provocado cierta decepción de lo que yo pensaba que iba a decir. - Pasar contigo cada segundo, es bastante importante, así que nada podrá interrumpirlo, ni si quiera Scooter, seremos sólo tú y...
- Tío, el pasillo esta lleno de mierda, que sepas que yo no he sido. - irrumpió Ryan aún con los párpados pegados señalando el camino que me había hecho Justin.
Éste cogió aire cerrando los ojos con impaciencia mientras su amigo volvía a entrar en la casa tambaleándose.
- Ryan... - suspiró Justin echándose el pelo hacia atrás.
Yo reí divertida cogiendo la jarra de zumo para vertirlo en nuestros vasos.
- Es lo más bonito que han hecho nunca por mí, Justin, me has dejado completamente sin palabras. - susurré.
Él esbozó una sonrisa mirándome con infinito cariño.
- Pues no es nada comparado con lo que te espera quedándote a mi lado.

~

Por segunda vez en aquella semana, me encontraba frente al mítico estadio de Staple Center, siempre que lo veía de frente se me quedaba la boca abierta admirándolo, lo cierto es que imponía bastante. Me removí sobre mi asiento incómoda y miré a Justin que conducía relajado adentrándose en el aparcamiento. Eran las doce de la mañana, sería raro si nos dejaran entrar.
- ¿Por qué me has traído aquí ahora?
- No paras de hacer preguntas, por una vez podrías dejarte sorprender.
Colocó su mano sobre mi rodilla y aquello me relajó un tanto, sonreía como un niño, me di cuenta entonces de que parecía que para él lo de tener novia era casi tan nuevo como para mí. Tenía que ser realista, ¿en cuántas chicas había podido confiar Justin plenamente? no descartaba la idea de que hubiese estado con varias mujeres pero eso no implicaba una relación estable y de confianza. Todo eso me hizo sentir menos presionada, él estaba intentado volcar su lado más romántico conmigo y era algo que no había podido hacer demasiadas veces en su vida, no podía por lo tanto, valerse de su propia experiencia.
Estacionó el coche y salimos de allí en dirección a una de las puertas para el personal que había por las partes de detrás. Una vez dentro del estadio, todo estaba increíblemente oscuro, sólo podían distinguirse las débiles luces de emergencia en determinados puntos que coincidían con las puertas.
- Dime que estamos aquí legalmente. - susurré.
Justin no contestó, me llevaba en silencio de la mano palpando las paredes hasta que por fin dió con el panel de controles y bajó un par de palancas con las que consiguió alumbrar el inmenso escenario en el cual pude advertir que había una guitarra apoyada en un pequeño taburete.
Nos encaminamos de nuevo en dirección al escenario y Justin se paró en la primera fila de asientos mirándome con una dulce sonrisa.
- Estuve pensando ayer que... realmente tú nunca has presenciado uno de mis conciertos como es debido, en el que nos conocimos no pudiste llegar a escuchar ni una sola canción, en el de Nueva York ocurrió todo el tema de Katia, y en éste último tuve aquel pequeño problema, así que... - se me iluminaron los ojos y le apreté la mano sin querer de la emoción contenida, él rió ante aquella reacción y se acercó para darme un pequeño beso en la frente. - he pensado que te gustaría tener un concierto especial.
Asentí enérgicamente sentándome en uno de los asientos más cercanos al escenario como respuesta y Justin dio una pequeña carrera para impulsarse subiendo de un salto al escenario. Le veía sentarse y posicionarse para poder mantener la guitarra sobre su regazo y comenzar a tocar las primeras notas. Allí estaba, sentada justo en frente de él, de mi chico, del chaval que ayudaba a los demás utilizando tan sólo su música, el chaval que servía de inspiración a miles de personas en el mundo, aquel que soportaba duras críticas diariamente, más de lo que cualquier persona normal sería capaz de soportar, y seguía adelante, aquel que con tan sólo diecinueve años se había comido el mundo y había demostrado tener más cabeza que muchos otros que le doblaban la edad, aquel que hacía años me había enamorado de su voz, y que ahora me había enamorado del todo tan sólo dejándome entrar en su mundo. Conmigo no debes temer nada, Justin, estaré siempre que caigas, siempre que necesites ayuda, siempre que creas que podrán contigo yo te serviré de apoyo, no tienes que tener miedo a la soledad ahora, al hecho de estar rodeado de personas que tan sólo quieren aprovecharse, conmigo tienes algo que solías echar de menos y que ya no volverás a extrañar, a un igual.
Las primeras notas de Catching Feelins hicieron que mi vello se erizase, le miré cantar para mí, mirándome directamente a los ojos, con aquella sonrisa.
''Podíamos pasar horas hablando por teléfono y ahora ni encuentro las palabras, ¿qué se supone que debo hacer?''
Sus dedos se deslizaban ágilmente sobre las cuerdas de la gitarra, la melodía era sencillamente preciosa y sentía cómo hacía que cada vez mi corazón fuera aún más deprisa. Sentía mis mejillas ardiendo mientras le escuchaba cantar, él había nacido para ello, disfrutaba cantando para el mundo y compartiendo su música, y de otra forma no hubiera podido conocerle.
'' ¿Debería decirle lo que realmente siento? ¿o tal vez debería acercarme y quedarme callado? ¿cómo lo sabré?
Porque si tomo una decisión y cojo su mano todo va a cambiar, ¿cómo sabre si ella siente lo mismo?
Puede haber una posibilidad, trataré de ver qué pasa, porque estoy hecho para ti, y tú para mí, ahora es nuestro momento. Intento ser positivo pero ya fue suficiente. Dicen que somos demasiado jóvenes para el amor pero yo capto las sensaciones.''
Tarareé con él las últimas notas de aquella canción y me levanté de mi asiento para ir hacia el escenario apoyando mis brazos al borde de éste para poder verle más de cerca. Él terminó la canción y bajó del taburete para sentarse al borde del escenario donde yo estaba apoyada, cogió mi mano y me aupó para que pudiera sentarme a su lado.
- ¿Cuál quieres que cante ahora? - dijo sonriendo apoyando de nuevo la guitarra acústica sobre su regazo.


Pasamos allí lo que quedaba de tarde, en cuanto hubo cantado unas cuantas canciones más nos tumbamos sobre el escenario y pasamos hablando horas y horas, riendo, mordiéndonos, acariciándonos, dejándonos amar el uno al otro, no paraba de besarme, le recordé mil y una vez que no quería irme de su lado, y él consiguió calmarme otras mil y una veces. A veces, simplemente nos quedábamos callados mirándonos, y admirando al otro dejando que esa pequeña sensación de electricidad se produjera constantemente, podía perderme en sus ojos durante tanto que ni me daba cuenta de que el tiempo continuaba pasando, me recordó decenas de veces cuánto me quería y yo no paré de hacerle reír. Nos paseamos por el inmenso estadio, subimos hasta los asientos más altos y nos pusimos a gritar como locos, él me besaba con pasión y yo le correspondía, él reía sobre mis labios y aquello era algo que me llevaba a la locura de ida y vuelta una y otra vez. Nos regalábamos miles de sensaciones por momentos y nos hacíamos sentir vivos. Hacía mucho que no me sentía así de bien, sin ni un sólo problema en la cabeza, sólo él, sólo sus palabras de amor al oído, sólo su jóven risa sobre mi boca.
Comenzamos a amar tanto aquel lugar que hasta fuimos por la comida y volvimos para montar un pequeño e improvisado picnic sobre el escenario. El día transcurrió demasiado rápido para mi gusto y llegó un momento en el que Justin me volvió a subir al coche. En un primer momento pensé que volvíamos a casa pero cogió un desvío y de pronto le ví tendiéndome un pañuelo de color azul cielo.
- Póntelo en los ojos, aún nos queda un sitio más que visitar.
Miré el pañuelo vacilando durante unos segundos pero finalmente decidí dejarme llevar como bien me había dicho antes y lo tomé colocándomelo sobre los ojos y atándolo por detrás de mi cabeza.
Fueron varias las veces en las que Justin se aprovechó de mi situación para darme pellizcos y pequeños tirones de pelo, yo me quejaba y él reía sin parar.
Pasaba el tiempo y lo único que podía escuchar eran las ruedas del coche pasando sobre las pequeñas piedras del camino. Mantenía mi mano sobre la de Justin y notaba cómo mi respiración comenzaba a agitarse. Vale, sí, estaba demasiado nerviosa.
Al cabo de un rato, el coché frenó y yo me incorporé de mi asiento dispuesta a quitarme de una vez por todas aquel pañuelo que me tenía en ascuas, no tenía ni la más mínima idea de dónde habíamos ido a parar, pero la mano de Justin me detuvo posándose sobre la mía.
- Aún no, tienes que hacer algo por mí. - me susurró muy cerca. Yo asentí sin poder evitar mostrarme bastante inquieta, no había vuelto a apoyar la espalda sobre el respaldo de mi asiento. - Necesito que te quedes aquí quieta durante algún tiempo, se te hará algo largo porque eres lo más impaciente que ha nacido en este mundo, pero volveré en seguida.
- ¿No puedo al menos quitarme esto de la cara? Lo estoy deseando desde que me lo puse. - mordí mi labio sabiendo que había parecido con aquello aún más impaciente.
La risa de Justin se escuchó muy cerca de mí.
- No puedes aún, vamos, hazlo por mí, juro que merecerá la pena. ¿Confías en mí?
Y lo siguiente que sentí fue el grosor y la suavidad de sus labios posándose sobre los míos y acogiéndolos con ganas. Correspondí a su beso levantando mis manos para sostener su cara para impedir que volviese a separarse e intensifiqué aquel beso. Todas mis defensas cayeron en picado, él era mi debilidad, podía hacer cualquier cosa que me dijese. Su lengua se abrió paso de entre mis labios y buscó la mía hasta que ambas se enroscaron en su habitual danza, le besaba dulcemente a la vez que saboreaba cada centímetro de su boca. Besaba tan bien, con los ojos bendados aquel beso se volvía aún más exquisito de lo que ya era, mantenía todos mis sentidos en sus labios mientras que los miles de fuegos artificiales volvían a sonar a mi alrededor.
Me dejó completamente sin aire cuando poco a poco fue separándose, podía escuchar su respiración agitada a la vez que la mía, a él también le había pillado desprevenido tanta pasión, pasé mi lengua por los labios antes de murmurar.
- Confío en ti.
Casi pude sentir su sonrisa al decir esto y noté cómo volvió a acercarse a mí para darme un último beso, corto pero muy muy dulce. Después de esto tan sólo pude escuchar el golpe que dio la puerta del coche al cerrarse.
Justin tenía razón, se me estaba haciendo eterno. Allí lo único que se escuchaba era el segundero del rolex que siempre lleaba guardado en la guantera, y juraría que cada vez iba más y más despacio, no sé cuánto tiempo pasé allí parada pero mis nervios aumentaban por segundos.
Al fin, pude escuchar el sonido de unos pasos que se aercaban, deseé que fuera Justin pero por desgracia no podía confirmar aquello. La puerta de mi lado se abrió y el corazón se me subió a la garganta, en aquel instante los nervios se habían transformado de alguna forma en puro miedo. Una mano se apoyó sobre mi pierna y sentí un alivio descomunal al escuchar su voz.
- Ya esta listo, ven, deja que te guíe.
¿Que me guíe? ¿Significaba aquello que aún no podía quitarme el dichoso pañuelo de la cara? Exhalé un profundo suspiro de impaciencia mientras Justin me cogió la mano para ayudarme a salir del coche, preferí continuar con su plan sin presentar quejas.
Anduvimos por el asfalto y de pronto, Justin me cogió en brazos. Dí un pequeño bote al recibir aquel gesto inesperado y me agarré a él rodeando su cuello con mis brazos.
- ¿Y esto? - le pregunté.
- Es para asegurarme de que no te caes.
Me acurruqué en él, así la verdad es que la mayor parte de los nervios desaparecían, noté cómo me llevaba sobre un suelo que parecía desnivelado a juzgar por los pasos que daba. Me tocó esperar una vez más hasta que de pronto escuché el sonido de las olas, de nuevo.
- ¿Estamos en la playa?
Justin no respondió, me dejó sobre el suelo con mucho cuidado y me tomó ambas manos guiándome, era imposible que aquello pudiese ser la playa, el suelo era duro, aunque no era un suelo construido, más bien parecía rocoso y tuve que tener mucho cuidado para no caerme. Me dejé llevar por Justin hasta que al fin me paró y le sentí abrazarme por detrás, una dulce música se escuchaba de fondo, no la reconocía.
- ¿Qué es eso que suena?
- Una canción, se llama Uncover. (R) - rozó su nariz sobre mi cuello. - Ya puedes quitártelo.- susurró a mi oído.
Tragué saliva mientras me deshacía del pañuelo y al dejarlo caer mi corazón dio un vuelco. Aquel era el pequeño lugar apartado de la playa y rodeado por cuevas, el pequeño trozo de playa, su lugar secreto... nuestro lugar secreto. Sobre el suelo había decenas de pequeñas velas alineadas para formar una pequeña frase ''te echaré de menos''.
Mordí mi labio sintiendo cómo las mejillas me ardían, era precioso, mis ojos se inundaron y me dí la vuelta para abrazarle con todas mis fuerzas, él correspondió éste gesto besando mi cabeza y nos quedamos allí durante un bue rato.
Joder, no sé qué mierdas iba a hacer tan lejos de él. Es demasiado tonto añorar tanto la presencia de una persona que sólo ha estado algunos meses en tu vida, pero lo haría, lo haría más que con nadie, no tenía ni la más mínima idea de cómo haría para no volverme loca mientras pasaban los días sin poder tener su sonrisa a centímetros de mí.
Levanté la mirada para encontrarme con la suya y él apoyó su frente sobre la mía secando la pequeña lágrima que había asomadobajo mi párpado sin llegar aún a rodar por mi mejilla.
- Recuerdo cuando despertaste en mi cama del autobús después de haberte desmayado en mi conciert en Canadá, desde aquel instante mi vida comenzó a llenarse por fin. - susurraba mientras sus manos se deslizaban por mi cintura pegando mi cuerpo al suyo, levanté mis brazos y se los eché al cuello dejando que me llevase en una lenta danza al son de la canción que se escuchaba de fondo. - Por muy lejos que estes, vas a ser siempre mía, ¿qué son unos cuantos kilómetros comparados con todo lo que tenemos? Has logrado que pueda confiarte hasta mi vida, ¿te das cuenta? no pienso dejarte escapar por nada del mundo...
Me dejó prácticamente sin palabras, me acerqué todo lo que pude y apoyé mi mejilla en su pecho junto con la mano que él me cogió para bailar y me dejé llevar por él, de un lado a otro, bailando en un lugar secreto alejado de todos, en aquel instante me di cuenta de que era él y nadie más, de que le esperaría ésta y todas las veces que hicieran falta, que sin él la vida podría seguir igual que siempre, pero sería como haber tenido el mayor tesoro en tus manos y haberlo dejado escapar, siempre tendrías un vacío demasiado grande dentro de ti.
Cerré los ojos acurrucándome en él, en unas horas tendría que decirle adiós y sólo pensarlo me costaba, él había sido la razón por la que me había despertado con la curiosidad de qué me traería de nuevo el mundo cada día desde que le conocí, él que antes me ayudaba con tan sólo un CD cada vez que me sentía triste y atrapada, ahora me ayudaba a seguir adelante, a mirar el mundo con otros ojos y a disfrutar de la vida con él sin importar todos los obstáculos que ésta nos pusiese.
Su mano acariciaba la mía y entreabrí los ojos aún apoyada en su pecho para echar un breve vistazo a lo que allí me había preparado, las luces de las velas nos rodeaban mientras la última parte de la canción hacía que mi corazón fuese un poco más rápido.
''Podríamos construir un universo justo aquí, haciendo desaparecer el mundo entero sin importarnos.
Nadie lo ve, nadie lo sabe, somos un secreto que no puede ser expuesto, así es cómo es, así es cómo va todo, lejos de todos el mundo, tan sólo cerca el uno del otro.''


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Espero que os haya gustado el maratón.
Por si preferís, y ya que algunas personas me habían pedido desde antes que la pasase, la novela ahora también esta en wattpad para aquellas que se sientan más cómodas utilizándolo, la ventaja que tiene a parte de que puedes dejar la lectura por donde quieras y cuando la vuelves a abrir esta por la misma página, es que si comienzas a seguir mi perfil y añades la novela a tu biblioteca, el propio móvil te avisa cada vez que subo capítulo (por lo menos a mí me avisa, soy nueva en wattpad y no tengo mucha información) pero sé que a muchas les parece más cómodo y por eso subiré los capítulos también allí. Este es el link para comenzar la lectura -> http://www.wattpad.com/32319669-inalcanzable-justin-bieber-fanfiction

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Capítulo 46 - Inalcanzable.



{Capítulo 46}

La chica subía las escaleras con la respiración agitada a causa del miedo a la vez que la música de tensión iba en aumento provocando que yo intensificase aún más mi agarre. Por un momento pensé que iba a destrozar el almohadón al que me estaba agarrando, se había parado lentamente delante del armario del cual procedían los ruidos raros que habían llamado su atención. Tragué saliva sintiendo cómo el miedo me oprimía el pecho, no podía quitar los ojos de la pantalla pero a la vez era todo lo que necesitaba hacer en aquel momento. Tapé mi cara con las manos mirando la película a través de mis dedos mientras la protagonista abría poco a poco el armario.
- No lo hagas, no lo hagas, vete de ahí, corre, huye, qué miedo, ¿por qué lo hace?, yo me habría ido ya...
- ¿Te quieres callar? Me estas poniendo nervioso. - reía Justin desde atrás.
Estaba sentada en su cama, cruzada de piernas y la emoción de la película me había hecho adelantarme, de manera que había comenzado agarrada a Justin y había terminado dejándole apoyado en la cabecera de la cama mientras yo me había sentado sobre el colchón más adelante.
- ¿No se da cuenta de que no debe abrir el armario? - dije tapándome hasta la nariz con la almohada.
La protagonista rebuscó en el interior del armario, la música había cesado pero mi corazón aún iba a cien, removió un par de cosas para asegurarse de que no contenía nada extraño y cuando parecía que lo peor había pasado, al apartarse, la figura de un niño asiático pequeño, de piel azulada y ojos negros como dos pozos apareció por detrás y la música de fondo me sobresaltó haciendo que diera un fuerte grito y hundí mi rostro en la almohada asustada.
Pasaron un par de segundos y miré hacia atrás dándome cuenta de que Justin había cerrado los ojos manteniendo una sonrisa divertida seguramente por el susto que me había dado el maldito niño de la película.
- ¡Eso no vale! ¡Estas cerrando los ojos! - exclamé medio riendo y gateando por la cama en su busca. - Estoy sufriendo y tú cerrando los ojos, ¡me has dejado sola! - reí mientras me colocaba sobre sus piernas de cara a él para darle manotazos en el pecho.
- ¡Estaba pestañeando! - rió él aún más.
- Claro, un pestañeo que dura la película entera, ¿no?, ¡miedica!
Justin no podía parar de reír mientras escuchábamos de fondo los gritos de la protagonista que seguramente se habría dado cuenta de lo que tenía detrás. Él alargó el brazo cogiendo la carátula de la película de miedo que nos habían dejado las enfermeras.
- La culpa la tienes tú, la película ya da bastante miedo de por sí para que ahora tú la intensifiques con tus gritos. - me decía mientras examinaba la foto de la carátula. - ¿Quién hace una película de terror sobre niños azules y mujeres azules con un pelo infinito y mortífero que además hace un ruido con la garganta que lo único que parece es que esta haciendo gárgaras? Sólo los japoneses. - reí aún más mirándole leer el título.-  Ju-On, La Maldición.
- Tendríamos que haber visto El Diario de Noa, te lo dije. - insistí tendiéndome a su lado y poniéndo mis piernas sobre las suyas para tenerlas en alto.
- Si hubiéramos visto El Diario de Noa mis ojos estarían cerrados y no precisamente por miedo.
Le miré arqueando una ceja y él cogió mi mano acercándola a sus labios para depositar un suave beso en ella sin dejar de lado su expresión divertida.
- No me hagas la pelota, pienso contar por twitter que te has asustado más que yo con una película de miedo.
- ¡Qué mentira!
Reí apoyando mi cabeza sobre su hombro cuando el iPhone de Justin comenzó a sonar desde la mesita de noche que estaba a mi lado. Lo cogí para dárselo y pude ver ''Mamá'' en la pantalla de llamada antes de que él lo cogiera y lo descolgara.
- ¿Hola? Dime... ya estoy mejor, _____ y yo estábamos viendo una pelíc... - guardó silencio durante unos segundos hasta que el murmullo que podía escuchar al otro lado de la línea cesó. - Bueno, técnicamente fui, aunque no entré, pero... - el murmullo volvió a cortarle y esta vez duró mucho más y me pareció que hasta eran gritos. - ¿Qué? Pero si no es ni necesario, no me duele y no he tenido ningún... vale, vale, cálmate... Sí, esta a mi lado, ¿por qué? - y me miró con algo de temor en la mirada, no sabía cómo tomarme aquello, la verdad. - Pero... - cerró los ojos y tras unos segundos me tendió su móvil. - mi madre quiere hablar contigo.
Me señalé mostrándome extrañada y él asintió con cierto fastidio antes de que yo cogiera el teléfono.
- ¿Pattie?
- ''Hola cariño, ¿me haces un favor?''
Miré a Justin que me observaba inexpresivo, ¿tan grave era?
- Por supuesto, ¿qué ocurre?
- ''Verás, Justin me prometió hace casi cuatro meses que iría a su cita en el dentista porque le iba molestando la muela desde hacía tiempo, desde que le dije que tenía cita no se volvió a quejar, y como no estaba con él, no pude saber si había ido, y bueno... me ha llamado hoy su dentista preguntando cuándo me venía bien ya que había faltado a su última cita, y me he asombrado ya que mi querido hijo me aseguró que había ido.'' - me tapé la boca con la otra mano tratando por todos los medios de no reírme y ví cómo Justin me miraba exhalando un suspiro de desesperación. - ''Necesito que hagas de niñera y supervises que vaya hoy cuando le den el alta, ¿podrás hacerlo por mí?''
- No te preocupes, yo me aseguraré de ello. - respondí, y tras una breve despedida, colgué.
- Ni se te ocurra reírte. - me advirtió Justin.


~

- Tendrías que haber entrado con él, quizás se haya escapado por la puerta trasera y estemos esperando aquí para nada. - espetó Fredo mientras atacaba una bolsa de patatas fritas sobre el volante del coche.
- Ya he herido demasiado su orgullo, por eso preferí no entrar, porque sé que me hubiera reído. - esbocé una amplia sonrisa mientras continuaba con la mirada fija en la pantalla de mi móvil hablando con Christina y Helena. - Además, no se ha escapado, no es tan crío. - levanté la mirada y me encontré con la de Fredo a través del retrovisor que me observaba con una ceja levantada. - Ten un poco de fe.
Al poco rato, Justin salió de la consulta del dentista y se dirigió hacia el coche. Fredo y yo aguardamos hasta que entró y se sentó en el asiento del copiloto y le miramos en silencio pero él no dijo nada.
- ¿Y bien? - pregunté con una diminuta sonrisa.
Silencio.
Justin nos miró sin decir una palabra y frunci el ceño extrañada.
- ¿Cómo te ha ido? No ha sido para tanto ¿verdad? - insistió Alfredo en vano.
- No me puedo creer que te hayas enfadado por haberte traído, ¿tanto pánico le tienes al dentista? - le dije acercándome más a ellos desde el asiento trasero.
Pareció que vacilaba durante unos instantes y al final se decidió a hablarnos.
- Mie han hecio ud empazteh. - murmuró con dificultad. Creo que ni Alfredo ni yo logramos entender aquello a la primera, se creó de nuevo el silencio y Justin volvió a intentarlo. - Anstezia an la bouca. - señaló su labio el cual tenía ligeramente caído.
Alfredo y yo nos miramos durante unos segundos y al segundo siguiente estábamos riendo como nunca sobre nuestros asientos. Por un momento pensé que iba a explotar, cada vez que Justin abría la boca me daba un nuevo ataque de risa.
- Soiz lo peor...
- ¡Para por favor, me duele la barriga! - reía sin parar mientras Justin me dedicaba una mirada de pocos amigos.
Estuvimos todo los que quedaba de viaje de regreso a casa con las bromas, era un ataque de risa tras otro y la cosa no hacía más que mejorar al ver las expresiones que nos devolvía Justin. Él no hacía más que intentar acostumbrarse a la anestesia y era demasiado divertido verle hablar solo durante el camino y para colmo con media boca insensible. Cuando llegamos a casa, éramos capaces de entender más de la mitad de las cosas que decía.
El resto del día discurrió bastante tranquilo, aunque Ryan se lo pasó genial metiéndose con Justin, pero no hubo sobresaltos inesperados y los cuatro pasamos una tarde calmada en casa de Justin, a excepción de Alfredo que, a petición de nosotros, llamó de nuevo a Nora para intentar arreglar las cosas aunque no salió demasiado bien.
Ryan y yo sacamos los billetes por internet con destino a Canadá para dentro de dos días y aquello hizo que, de alguna manera, me agobiase. Sólo tenía dos días para estar con Justin antes de despedirme de él hasta Dios sabe cuándo. Sentí que necesitaba tomar el aire y, puesto que ninguno le apetecía salir, decidí despedirme por mí misma de Los Angeles.
Comencé a caminar sin un rumbo fijo, perdiéndome entre las anchas avenidas y acabé, sin saber cómo, en el mismo lugar donde por poco no me atropellan con una bicicleta. Me senté en uno de los bancos que había sobre la acera de cara a la playa e hice memoria. Aquel fue el día de mi cumpleaños, Justin me había llevado a dar un paseo por la ciudad, terminamos paseando por la playa, recordé entonces que comenzamos a discutir y él intentó abrazarme, fue cuando evitó que me atropellara una bici y terminé cayendo sobre él al suelo. Un suave hormigueo me recorrió el estómago al recordarlo. Pensé entonces en la fiesta que encontré al llegar a casa, a cuando él me pidió ir en serio con todo aquello. Caí en la cuenta de que en pocos meses había llegado a significar para mí lo que pocas personas en años, era de locos pensar que le necesitase tanto, era demasiado pronto para alejarme de Justin, aún había miles de cosas que no había descubierto sobre él y sentía que iba a echar en falta demasiadas cosas, pero a la misma vez, tenía que continuar con mi rutina, mi vida no podía continuar dando un giro de ciento ochenta grados cada vez que salía de casa, me iba a venir bien volver a Canadá, a mi instituto, con mis amigas, mi tía y las peleas diarias con el plasta de mi primo, también echaba de menos mi hogar, además allí podría investigar un poco más acerca de mi madre biológica.
De pronto, algo tapó mi campo de visión, alguien me estaba cubriendo los ojos desde atrás y me sacó bruscamente de mis pensamientos. Tenía las manos húmedas y al principio me asusté, pero después pude escuchar aquella inconfundible risa. Sonreí apartándo sus manos y me giré para mirarle.
- Al final, terminaré pensando que me sigues, Austin.
Él respondió con una leve risa antes de sentarse a mi lado. Llevaba puesto un bañador y chorreaba agua por todas partes, su pelo estaba revuelto señal de que se lo habría sacudido al salir del agua.
- Oye, esta playa esta muy cerca de mi hotel, tan sólo quería darme un chapuzón, pronto terminará el verano. - sonrió apoyando sus brazos a lo largo del respaldo del banco.
- Dios, no me lo recuerdes. - mordí mi labio contemplando lo que había a mi alrededor, admirándolo por última vez antes de irme. - En dos días me voy, no veré a Justin ni a los demás en un tiempo... - giré mi cara para mirarle e hizo un pequeño mohín. Reí ante aquel gesto y me acerqué para abrazarle de lado apoyando la cabeza en su hombro. - ni a ti tampoco.
Él correspondió al abrazo con mucha más fuerza y ambos nos quedamos allí abrazados durante unos minutos. De alguna manera, Austin me inspiraba confianza y seguridad, no tanta como cuando estaba con Justin pero se comportaba conmigo como si se tratase de una vieja amistad.
- Te voy a echar mucho de menos pequeñaja, prometo que si pasa demasiado tiempo y no volvemos a encontrarnos, voy a por ti. - me susurró. - ¿Hablaremos por internet?
- Claro que sí, resultaré hasta pesada, y atrévete a no responderme. - le señalé con el dedo índice en un gesto de advertencia y él arqueó una ceja divertido.
- Como si fuera capaz de no responderte a algo...
Me observó en silencio durante unos segndos y finalmente exhaló un profundo suspiro, volví a intensificar mi abrazo apoyando esta vez mi mejilla en su torso desnudo.
- Yo también te echaré de menos, prométeme que vendrás a verme, ¿vale?
- Te lo prometo, de veras que lo haré. - Me separé un poco de él para mirarle sonriente, realmente iba a añorar a aquel chico. - ¿Sabes una cosa? - me dijo de pronto. Yo me encogí de hombros mirándole y el miró hacia abajo con una sonrisa nerviosa, como si se estuviese dudando si continuar hablando. - Cuando nos conocimos he de admitir que me gustaste un poco.- Levanté las cejas sorprendida sin poder evitar una leve sonrisa burlona. - Pero claro... tenía a Justin Bieber vigilando cada cosa que hacía, supongo que él llegó antes que yo.
- ¿Te gusté en la gala de premios? - le pregunté aún sin poder creerlo, él asintió mirando hacia otra parte con una sonrisa divertida, no pude evitar soltar una leve risa.
- No te rías, eras la primera chica que me encontré en ese sitio que no me pareció una estirada.
- Tomaré eso como un halago, supongo. - arrugué la nariz haciéndome la ofendida. Austin rió volviendo a echarme el brazo tras los hombros y le miré sonriendo durnte unos segundos. - Intenta no olvidarme, eh.
- ¿Estas de broma? - dijo mirándome como si no se creyese que lo hubiera dicho en serio. - Tú tampoco te olvides de mí, ya sé que no nos volveremos a ver en un tiempo, pero quiero que sepas que estaré disponible para hablar cada vez que lo necesites, y espero que os vaya increíblemente bien a ti y a Justin, hacéis una buena pareja, y eso de que le conocieses como una fan, he de admitir que es realmente...
- Lo sé, no es algo que uno vaya contando por ahí todos los días.
- Siempre me tendrás, ¿de acuerdo, enana? y recuerda que como te haga daño, me dará igual que tenga tantos número uno, terminaré con él.
Comencé a reír al escucharle hablar de aquel modo, Austin era un verdadero encanto, con que se mostrara tan natural como lo hacía conmigo y enseñara aquella sonrisa complementada con el verde claro de sus ojos, tenía asegurada a más de una chica.
- Venga ya, pero si me dijiste que empezaba a caerte bien.
- Tú me caes mejor.
- Y cuida bien de Lily, dile que la echaré mucho de menos y que cada vez que compre ropa interior me acordaré de ella.
La sonrisa de Austin se esfumó completamente y yo reí negando con la cabeza.


·Narra Justin·

Sentía cómo la saliva se me escapaba por la boca sin previo aviso y mojé mis labios con la lengua notando cierta repulsión al no sentir la zona que me habían dormido.
- ¿Cuánta cantidad de anestesia me ha puesto ese hombre?
Arrastraba las palabras y la broma aún les hacía gracia a los chicos, aunque había logrado mejorar bastante. Ryan estaba tirado sobre el sillón molestando al gato que intentaba desesperadamente dormir sobre su regazo sin conseguirlo.
- ¿Sabes? Este gato esta triste. - saltó de pronto girando la cabeza de Tuts para que mirase en mi dirección. - Mírale la cara, seguro que fue por no llamarle Bigotes.
- Seguro. - dije con ironía dejándome caer sobre el sofá y tapándome la cara con mi antebrazo.
Sentía una enorme opresión en el pecho desde que Ryan y _____ habían decidido sacar los billetes para dentro de dos días, no dejaba de darle vueltas a la cabeza, en los últimos días habíamos ido de problema en problema, siempre que lograba hacer que ella se divirtiera, ocurría algo que lo estropeaba.
- Tengo que hacer que estos últimos días sean increíbles, Butsy. - dije aún con la cara tapada.
- Pues no salgáis de casa, aquí no tendréis ni fotógrafos acosadores, ni exnovias malvadas, ni mánagers enfurecidos.
- ¿Cómo voy a hacer que ella disfrute sus últimos días conmigo si no puedo ni salir de cas...? Espera, ya sé. - me aparté el brazo de la cara incorporándome un poco.
- Tío, eso es de viciosos.
- No me refería a eso, Ryan.
Escuché entonces el sonido de la puerta cerrándose y unos pasos se acercaron al salón. Sonreí al reconocerla simplemente por el sonido de sus pasos. Me giré hacia la puerta y la encontré apoyada en el marco de ésta para poder desprenderse de sus zapatillas. Poco a poco se acercó a mi sofá por detrás y apoyé la cabeza sobre el final del respaldo doblando mi cuello hacia atrás para poder verla. Se asomó entonces a mi campo de visión y esbozó una tímida sonrisa para, finalmente, posar sus finos labios sobre los míos del revés. Al principio pude sentir cierto cosquilleo debido a la anestesia, pero al cabo de unos segundos me acostumbré. Me besó con tanta dulzura que creí estar a punto de volverme loco por millonésima vez, aquello sí que era un verdadero vicio. Acariciaba sus labios con los míos muy lentamente mientras que con la punta de sus dedos me sostenía la cabeza.
- Bueno, ya esta bien, subid a la habitación y así me ahorráis la escenita. - nos cortó Ryan de pronto poniéndose al gato en la cara para taparse los ojos.
Ella se separó unos milímetros y quise volver a unir sus labios a los míos e insistir en que no le hiciera caso pero ya no podía estirar más mi cuello. _____ se acercó a mi mejor amigo cogiendo a Tuts en brazos y dirigiéndose de nuevo a la puerta sacándole la lengua cuando estaba a punto de desaparecer por ella.
- ¿Qué haces? - se incorporó Ryan del sillón.
- Salvar al gato.
- Ese gato me adora.
- Claro... oye, estoy exhausta, voy a la habitación ya, ¿vale? - esta vez me miró a mí dedicándome una sonrisa cansada. - Intenta no hacer mucho ruido cuando entres.
Faltaron segundos para que me pusiera en pie para ir tras ella y agarrarla por la cintura, su risa me atravesó de lleno y encajé mi cara en su hombro dándole un suave beso en el cuello a la vez que andábamos con cuidado hacia las escaleras.
- ¿Te ha sentado bien el paseo? - pregunté separándome de ella para subir los escalones.
- Mucho, he podido despedirme de Austin.
- Aún no me hago a la idea de que vayas a irte.
- Si lo ves por el lado bueno, después nos cogeremos con muchas más ganas. - dijo esto dándose la vuelta en mitad del pasillo y caminando de espaldas y de cara a mí sonriendo aún con Tuts entre los brazos.
- Yo siempre te cojo con ganas.
- Ah, ¿sí? - su voz sonó divertida y de pronto me la ví soltando al gato y echando a correr por el pasillo alejándose de mí.
Sin pensármelo dos veces comencé a correr tras ella, era bastante escurridiza, doblé una esquina y de pronto había desaparecido. Fui abriendo una por una todas las puertas que había en el pasillo preparado por si ella intentaba salir corriendo del interior de alguna de ella. Todo aquello me divertía y me excitaba a la vez, estaba claro que no podá haber encontrado a nadie mejor que ella, cada momento que vivíamos juntos me hacía sentir como si fuese un chaval normal el cual no tiene a medio mundo observando cada uno de sus movimientos, era como si con tan sólo mirarla el mundo cambiase repentinamente y ponía todo lo imposible un poco más al alcance de mi mano.
Estaba llegando a las últimas puertas cuando abrí una de ellas y me encontré a Alfredo sentado sobre la cama con la atención puesta en su portátil. Levantó la mirada en cuanto abrí la puerta.
- ¿Has visto a Brooks? - pregunté con la respiración entrecortada y una estúpida sonrisilla.
Alfredo se encogió de hombros negando con la cabeza y proseguí mi búsqueda en las siguientes habitaciones cuando de pronto escuché un fuerte golpe a mis espaldas. ____ salía corriendo de la habitación de Fredo entre risas volviendo por donde había venido. Miré a mi amigo que sonreía desde su cama y le señalé con el dedo antes de volver a echar a correr.
- ¡Traidor!
Ví cómo volvía a bajar apresuradamente las escaleras dirigiéndose al salón y me paré a pensar. Ella esperaba que la siguiera por el mismo sitio por el cual había entrado. Dí un rodeo a la cocina y pasé por la habitación donde guardaba los instrumentos incluido el enorme piano y eché un rápido vistazo al salón por el otro lado. La ví tas el sillón muy cerca de mí vigilando si volvía a entrar por la puerta principal y aguanté la risa cuando Ryan me miró desde la otra punta con una ceja levantada.
Sin aguantarme más, la asalté por la espalda dándole el susto de su vida, dio un fuerte grito por la impresión y yo la cargué a cuestas apoyando su estómago en mi hombro entre risas, sentí sus puños aporrearme la espalda.
- ¿Y tú eras la que estaba exhausta? - reí atravesando el salón con ella a cuestas.
- Qué manía con cogerme así, ¡bájame ahora mismo!
- Qué manía con pensar que eso me convencerá para que te baje cada vez que te cojo.
Comenzó a mover las piernas mientras pasábamos por el lado de Ryan que agarró el pelo que caía sobre la cara de _____ tirándo de él.
- ¡Ryan!
- Encima de que me hacéis presenciar escenas vomitivas te quejas, no hagáis ruido, os lo suplico, mi habitación esta justo al lado.
- Eres un imbécil, Ryan. -reí continuando mi camino de regreso.
Subí cargando con ella por las escaleras y atravesé una vez más el pasillo hasta entrar en mi cuarto dejándola caer sobre la cama. Se tumbó sin dejar de reír extendiendo los brazos y me miró mientras me desabrochaba los pantalones.
- ¿Me pasas el pijama al menos? - me pidió.
Fui a buscar a mi armario entonces y saqué mi camiseta que tanto le gustaba usar para dormir, oficialmente era su pijama para estar por aquí, le servía como un camisón y me encantaba pilarla oliéndola. Se la dí en la mano antes de continuar desvistiéndome y cuando estuve en boxers me eché sobre la cama a su lado. De pronto me fijé en que no llevaba colgado de su cuello el colgante que le regalé y me resultó bastante raro, nunca se lo había quitado desde entonces.
- ¿Y tu colgante? - pregunté acariciando su garganta.
Ella bajó la mirada y se acomodó a mi lado dando un pequeño suspiro.
- Se rompió el día de tu concierto en el Staple Center, Ryan Good dice que va a intentar arreglarlo.
- No te preocupes, - susurré tomándola de la barbilla para que me mirase. - te daré una aún más bonita.
- No lo necesito Justin, me basta con tenerte a ti. - sonrió acariciando mi brazo muy suavemente.- Oye... - susurró arropándonos a ambos con la fina sábana. - ¿no te has preguntado nunca qué habría pasado si... si tú hubieses estado de mal humor el día en el que te ví a través del coche y no hubiese querido si quiera bajar la ventanilla? o si yo no le hubiera propuesto a mis amigas ir a verte salir del hotel, o si simplemente le hubieses dado a otra persona ese ticket de Meet&Greet?
Eché mi brazo sobre su cintura acariciándola con suavidad mientras la escuchaba hablar y aquello me hizo reflexionar.
- Habría cambiado muchísimas cosas... tú estarías en Canadá con tus amigos después de haber vivido el concierto, Ryan y Christina no estarían juntos, Helena y tu amigo Jace puede que tampoco, Katia no se habría vuelto a interesar por mi vida, habría echado a perder la oportunidad de cantar en el Madison Square Garden por quedarme dormido, no habría vivido ninguna de las cosas que han hecho que estos últimos meses hayan sido perfectos.
- Tuve mucha suerte de estar justo allí y justo en aquel momento, me muero sólo de pensar que puede que nada de esto hubiera podido pasar.
La miré durante unos segundos en silencio. Ella me quería. Por cómo era, había comenzado amando mi voz y había terminado haciéndolo conmigo al completo. Mi sueño desde que me enontraron en un vídeo en internet había consistido en continuar creciendo tanto en la músca como en persona, me había concentrado en mejorar cada día, en saber llevar una vida de locos, y hasta entonces no me había dado cuenta de que me faltaba algo, o alguien. Una persona que me ayudase a no perder la cabeza, con la que compartir toda aquella locura, que estuviera a mi lado mientras decidía la clase de persona que quería llegar a ser. Ella era lo que me había estado faltando, y la había encontrado.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Capítulo 45 - Inalcanzable.



{Capítulo 45}
No te enamores del amor.
En este mismo momento, mientras estás leyendo esto, miles de personas pronuncian esas dos palabras sin tener una mínima idea de su significado, esas palabras las cuales suelen ser utilizadas en un nuevo intento por llegar a lo que tantos consideran como una bendición.
Las palabras ‘’te amo’’ hace tiempo que dejaron de significar para dar paso a un simple estado de noviazgo, o incluso de sensaciones provocadas por alguien cercano.
¿Qué ocurre si garantizo que la mayor parte de la población posee un concepto equivocado sobre lo que realmente es estar enamorado?
El amor no son esos nervios que sientes con su simple presencia, sientes que el corazón late más fuerte de lo normal y te cuesta parecer tranquilo, no es el querer pasar con esa persona cada segundo. El amor no es estar deseando que llegue el viernes para poder correr a abrazarle, o esperar con inquietud que su última conexión se convierta en el tan esperado ‘’en línea’’, estar enamorado no significa tener la posibilidad de ser el único que pueda tenerle, ni recibir sus caricias día y noche, no son las mariposas que sientes en el estómago ni el bienestar que experimentas mientras te acoge entre sus brazos.
Puedes pasar meses y meses diciéndole a una persona cuánto la amas, cuánto significa para ti, y no darte cuenta de ello hasta que no se ha ido de tu lado.
Todo ser humano persigue esa sensación de la que todo el mundo habla, todos quieren llegar a sentirse queridos hasta tal punto de no importarte nadie más que la otra persona, tal vez porque han oído hablar de todo lo que aquello supone, pero realmente, pocos de ellos tienen idea de lo que puede sentirse. Es mucho mejor.
Sabes que estás enamorado cuando su tristeza provoca la tuya, cuando tiene la capacidad de hacerte sonreír con un sólo movimiento o palabra, cuando crees que no existe nadie en quien puedas confiar más que en esa persona. Sabes que estás enamorado cuando conoces cada una de sus imperfecciones y las haces formar parte de su perfección, cuando su simple presencia te hace sentir agusto no sólo contigo mismo, sino con el resto del mundo. Sabes que estás enamorado cuando puedes estar jugando con esa persona como dos amigos de toda la vida y al instante convertiros en uno sólo, cuando podríais estar mirándoos el uno al otro sin decir una palabra todo el tiempo posible, simplemente disfrutando de su compañía, simplemente dándote cuenta de lo mucho que le quieres y agradeciendo que hayas podido encontrarle. Lo sabes cuando sientes que el mundo esta a punto de aplastarte, cuando sientes que todos están esperando a que cometas el mínimo error para verte caer y entonces aparece esa persona que con tan sólo envolverte entre sus brazos y unas palabras al oído hace que todo vuelva a estar en calma. Esa persona que te espera hasta el final, que te comprende aún en la locura, esa persona que te ayuda y es tu apoyo, tu esperanza, esa persona que termina convirtiéndose en algo fundamental. No con esto quiero decir que no puedas continuar valiéndote por ti mismo, esa persona te completa y sientes que con ella a tu lado el mundo es menos malo.
Y luego están aquellas personas que pasan su vida huyendo de todo esto.
‘’¿Por qué tendría que depender de una sola persona?’’
‘’¿Y si me falla?’’
‘’¿Y si me utiliza?’’
‘’¿Y si sólo termino sufriendo por alguien al que no le he importado nunca?’’
Pero…
¿Y si te corresponde?
¿Y si te necesita tanto como tú a él?
¿Y si te conviertes en el motivo de su sonrisa?
¿Y si es esa persona tu ‘’todo irá bien’’?
Nadie ha dicho nunca que el camino hacia este fin fuera algo fácil, nadie dijo que no hubiese sufrimiento, nadie dijo que no tuvieses que pasar por mil y ún obstáculos hasta conseguirlo. Para algunos ese camino es más corto y para otros más largo, y diréis que es una injusticia, y no podría estar más de acuerdo con ello, pero ¿acaso te acuerdas de todas aquellas cosas que te hicieron caer una vez que has logrado encontrar esa mano que te ayude a levantarte? Todos perseguimos un mismo fin, todos necesitamos sentirnos amados y ser el mundo de la otra persona, nadie quiere sentirse tan solo como para ser consciente de que no existe nadie en este mundo capaz de interesarse por él, y todos terminamos buscando siempre lo mismo, enamorándonos del sentimiento que supondría vivir todo aquello sin ser verdaderamente conscientes de lo que realmente es.
La mayor parte del mundo se encuentra en este proceso de búsqueda, y es tal su enamoramiento hacia este sentimiento, que les hace pensar que es justamente lo que están viviendo en ese mismo momento, sólo me gustaría recordarlo.
No te enamores del amor, enamórate de esa persona que no sea capaz de seguir sin ti.



- ¿Eres consciente de que ella puede poner una denuncia si así lo quiere? ¿Te das cuenta del problema en el que nos has metido a todos? Esto no sólo te afecta a ti.
Como me temía, poco después del incidente con Katia, Scooter había vuelto a buscarme y me había sacado a solas de la habitación para comenzar a soltarme el sermón en mitad del pasillo. Le escuchaba sentada en una de las sillas que había pegadas a la pared con una expresión de fastidio y mirando por encima de su hombro cómo las enfermeras más curiosas se paraban unos segundos a contemplar la escena que estaba montando.
- Sé que no llevé a cabo lo que se dice una reacción madura, pero Scooter, tú no escuchaste las cosas que ella me dijo. – repliqué esta vez mirándole directamente a los ojos. – Justin y Ryan pueden darme la razón, me estaba provocando a propósito.
- Katia va a pasar con nosotros mucho tiempo, por si no lo sabías, - y volví de nuevo la mirada hacia otro lado al escucharle. – y todo será más fácil si no comenzamos con una denuncia, ¿comprendes? Independientemente de todo lo que te haya dicho, tienes que aprender a controlar tus impulsos porque lo que has hecho sobrepasa la línea de la irresponsabilidad. Por si no te has dado cuenta, todo aquello en lo que te equivoques, aunque no sea intencionadamente, puede influir negativamente en Justin y en todo el equipo, y creo que ya llevas aquí el tiempo suficiente como para haberte dado cuenta de ello, - fue en ese momento cuando de pronto Justin y Ryan aparecieron por detrás de Scooter y comenzaron ambos a asentir repetidamente aparentando seriedad y frunciendo el ceño. Mordí mi lengua tratando por todos los medios no esbozar ni una pequeña sonrisa mientras les veía burlarse del mánager. - así que por el bien de todos, si lo tuyo con el chico va en serio, será mejor que aprendas a controlarte y a saber que cada error que cometas y que pueda ser difundido por ahí, no solo va a afectarte a ti, ¿me estas escuchando?
Volví de nuevo mi mirada hacia él y me encogí de hombros agachando un poco la cabeza.
- Deberías ponerte también desde mi punto de vista, eso es todo. – susurré.
- Conozco tu punto de vista, yo lo vivo diariamente, - Justin comenzó a imitar a Scooter moviendo la boca a la vez que las palabras salían desde la boca de su mánager tratando de poner la misma expresión de enfado que él. - ¿crees que es algo nuevo para mí? No estoy diciendo que Katia no tenga culpa ninguna de lo que ha ocurrido, intento que te des cuenta de lo que puede llegar a implicar agredir a una chica que aparte de tener que viajar en los mismos medios de transporte que nosotros, es a la vez una modelo reconocida, como le dé por ir a por ti, todos podemos salir perjudicados, así va este mundo, tienes que darte cuenta.
Ryan reía en silencio al ver lo bien que Justin conseguía imitarlo y yo tuve que bajar la mirada y tapar la mitad de mi rostro para que Scooter no se diera cuenta.
- Lo último que quiero es eso. – dije conteniendo la risa a duras penas.
- Lo sé, y te acostumbrarás, estamos para ayudarte, todos aquí estamos muy unidos, y le tenemos demasiado cariño al chico, así que lo único que hago es velar porque su carrera no tenga ningún bache innecesario. – Justin al escuchar estas palabras hizo como el que se emocionaba y comenzó a fingir que lloraba de una forma realmente exagerada mientras Ryan simulaba que le consolaba dándole suaves palmadas en la espalda. Esta vez no fui capaz de aguantarlo y solté una leve carcajada que alertó a Scooter quien se dio la vuelta pillándoles completamente in fraganti.
- ¿Qué se supone que estáis haciendo? – preguntó con un tono de voz que nos puso la piel de punta a los tres.
- Tenía hambre, íbamos a ir a cenar. – pensó Justin rápidamente.
Todos nos quedamos unos segundos en silencio mientras yo cerraba los ojos siendo consciente de la metedura de pata.
- Son las seis de la tarde, Justin. – le recordó Scooter arqueando una ceja.
Éste abrió la boca como yendo a decir algo pero finalmente guardó silencio, seguramente para no empeorarlo, entonces Ryan reaccionó.
- Exacto, ¿no has oído hablar del horario de dieta británica?
Todos le miramos curiosos a excepción de Justin que no pudo evitar esbozar una diminuta sonrisa divertida.
- La verdad es que no. – musitó Scooter cruzándose de brazos.
Los miraba por encima del hombro de Scooter aún sentada en la silla de espera que estaba dispuesta junto a las demás en el pasillo y vi entonces cómo Justin llamaba mi atención con una media sonrisa guiñándome un ojo mientras Scooter y Ryan hablaban. Mojé mis labios y mi sonrisa se intensificó.
- Pues es esa dieta con la que… haces la digestión antes de irte a dormir y te mantienes en forma de una manera sencilla ya que las grasas no…
Se interrumpió a sí mismo al darse cuenta de que le mirábamos extrañados mientras Scooter negaba lentamente con la cabeza y Justin le miró frunciendo el ceño.
- ¿Qué? – rió. - ¿no se te ocurre nada mejor?
- Habría sido mejor si no acabaras de cortarme el rollo, gilipollas. – replicó este haciendo que Justin estallara en carcajadas.
- Bueno, que nos vamos a cenar, – decía Ryan aún con expresión de fastidio.- ____, ¿vienes?
Asentí escabulléndome rápidamente por el lado de Scooter no sin antes disculparme con él para irme y Justin cogió mi mano aún sonriéndome mientras avanzábamos por el pasillo alejándonos del mánager que nos observaba a la vez que exhalaba un profundo suspiro de impaciencia.
- Te lo dejo pasar sólo por esta vez, que no se vuelva a repetir. – levantó el tono señalándome con el dedo índice.

Entramos entonces en la cafetería-restaurante del hospital, Ryan y yo tomamos asiento mientras Justin aceptaba las peticiones que le hacían para hacerse fotos con él, nos hizo una señal para dejarnos claro que él pediría la comida en cuanto terminase.
- ¿No tienes Instagram? – casi exclamó Ryan que había comenzado a cotillear mi móvil.
- Pues no, la verdad, ahí puede ver tus fotos quien sea y me da vergüenza. – confesé.
- Pero si eres guapa, ¿por qué tendría que darte vergüenza? Seguro que hay más de uno que esta deseando que te lo hagas, voy a ello. – me dijo sin apartar ni un solo momento su mirada de la pantalla de mi teléfono móvil. - Hazles el favor a las fans de tu novio, ¿quieres?
Puse los ojos en blanco mientras él manipulaba mi móvil y me volví en mi silla para echar un vistazo a Justin que cogía a una niña pequeña en brazos y posaba besando su mejilla para que su madre pudiera hacerle la foto, poco después, la niña le abrazaba con fuerza. Sonreí casi sin ser consciente de ello y le vi entonces dirigirse hacia el mostrador donde podías hacer el pedido cuando sentí el brazo de Ryan cerrarse sobre mis hombros.
- Sonríe. - Vi mi propia figura en la pantalla del móvil e hice lo que me dijo riendo levemente al ver su mueca, él no dudó en capturar aquello dejando lista la foto. – Perfecta, les va a encantar, ahora pongo el link en tu twitter y…
Me tapé la cara sin saber si quitarle el móvil de un golpe cuando vi que Justin dejaba la comida sobre la mesa.
- Pizza para Ryan, hamburguesa con queso para ____, y para mí una maldita ensalada para que mi novia este contenta. – decía mientras se sentaba a mi lado. - Me quedé mirándole durante unos segundos arqueando una ceja con una expresión seria hasta que él no pudo evitar sonreír.- Es que esto es una mierda de cena.
- Di lo que te de la gana, pero de no ser por mí aún estarías con la cabeza volcada sobre el cubo y con una arpía acosándote en tu habitación. – contesté resignada atrayendo hacia a mí mi plato con la hamburguesa.
Justin rió acercándose más a mí para depositar un suave beso sobre mi mejilla y cerré los ojos sonriendo leve sin poder contenerme. Sonó entonces el sonido de la cámara de mi móvil al hacer fotos y le dirigí a Ryan una mirada asesina.
- A la parejita feliz.
- ¡Ryan, para ya! – le reñí aún con una sonrisa estúpida en la boca.
- Vamos, si les ha encantado nuestra foto, ésta será aún mejor, fíjate qué de seguidores en unos minutos. – dijo enseñándonoslo, ocasión que aproveché para arrancarle el móvil de las manos. – Qué aburrida eres.

- Lo es. – afirmó Justin con una expresión divertida terminando por reír cuando atesté un débil puñetazo contra su brazo mordiendo mi labio inferior. – Mierda, olvidaba que ahora eres agresiva conflictiva, alejen a sus hijos de mi chica, todo el mundo.
Levantó el tono de voz y Ryan comenzó a reír al ver que todos nos miraban mientras yo trataba desesperadamente de tapar la boca de Justin con mis manos.

~
Era increíble lo mucho que cambiaban las cosas cuando Justin y Ryan se juntaban, cualquiera podía decir que era prácticamente como hermanos, llevaban la diversión a donde quiera que fueran y no paraban un solo segundo. En las últimas dos horas nos habían llamado la atención aproximadamente unas seis veces y al final terminamos por volver a la habitación de Justin ya que las enfermeras tenían hecha una especie de guardia por todo el edificio por si aparecíamos.
Justin se dejó caer sobre la cama exhalando un profundo suspiro y Ryan se sentó en el pequeño sofá de en frente pensativo y con la mirada perdida. Me acerqué a la cama para subirme a ella y esconderme bajo las sábanas justo al lado de Justin.
- ¿Qué hacemos? – preguntó Justin.
- Tú hacer reposo. – dije desde debajo de todas las mantas adormilándome.
Al momento sentí sus manos sobre mí a través de toda la ropa de cama haciéndome cosquillas y me retorcí entre risas intentando pararle. Saqué la cabeza casi sin poder respirar con el pelo completamente despeinado y Justin cesó su tortura mirándome con una sonrisa divertida antes de abrazarme.
- Tengo una idea. – dijo Ryan entonces levantándose de un salto. - ¿Habéis visto las escaleras, rampas y barandas que hay en la entrada del hospital?
- Llegué inconsciente, tío. – dijo Justin mientras hundía sus dedos en mi pelo.
- Yo sí las he visto, - espeté confusa- ¿por qué lo dices?
- Tengo algo que te va a animar mucho, Justin, lo traje desde casa. – rió él dirigiéndose a la puerta. – Pero está en el coche y tenemos que hacerlo fuera, así no nos podrán llamar la atención.
Justin y yo nos miramos durante unos segundos.
- Sí, creo que deberías tener miedo. – dije sin necesidad de dejarle hablar.
Justin rió y finalmente hicimos caso a Ryan y le seguimos hasta el exterior del hospital, nos quedamos sentados sobre las escaleras mientras él iba a por esas cosas que había dicho que alegrarían tanto a Justin.
 Cuando regresó lo hizo con un par de monopatines en las manos y pude ver cómo a mi novio se le iluminaba la mirada mientras se levantaba a reunirse con su amigo. Solté una carcajada cuando me mostró ilusionado lo que había traído.
- Tío… has traído los skates. – dijo sin poder creérselo.
Faltaron unos segundos para que comenzaran a poner en práctica toda clase de trucos sobre las diferentes superficies que allí había. Se caían una y otra vez, pero parecía que no les importaba nada más que aquello, y hacerlo juntos.
Les observaba girando la tabla en el aire una y otra vez, saltando sobre ella… En una de estas decidí coger el móvil y abrí Twitter para ver lo que pasaba fuera de todo esto. Todo el mundo estaba preocupado tras lo que había ocurrido en el concierto, y lo cierto es que ninguno había dado señales de vida después de ello, a excepción de Fredo que había confirmado que Justin estaba bien y no le había ocurrido nada grave, me llegaban decenas de tweets al segundo preguntándome por el estado actual de Justin y sólo veía frases como ‘’Recupérate pronto, Justin’’ en los nombres de las distintas cuentas. Me puse a profundizar mi búsqueda y también vi cómo todos los personajes públicos que habían asistido al concierto aquella noche daban su opinión sobre lo que pensaban que había ocasionado el contratiempo que Justin había sufrido, y no eran lo que se dicen, muy positivos. Había conclusiones de lo más macabras y decidí aclararlo todo sin poder evitar mostrarme algo molesta con todos ellos.
Escribí varios tweets explicando lo ocurrido, lo que realmente había pasado y aquello que a nadie se le había ocurrido como posible causa. Aclaré que Justin se encontraba mucho mejor y que lo sentíamos por todos aquellos que no habían podido ver terminar la actuación, dejé caer que no debían creer nada de nadie que no fuera él por muy famoso que fuera y con ello desperté más de un drama, pero sólo pensaba en aclararlo. Respondí personalmente a unas cuantas Beliebers que me preguntaban por menciones y entonces la voz de Justin llamó mi atención.
- ____, atenta, mira esto. –decía con una sonrisa divertida mientras Ryan le observaba arqueando una ceja.
Se me ocurrió entonces cómo hacer que todas las fans terminaran de tranquilizarse y volví a abrir Instagram, y tras unos segundos intentando averiguar el funcionamiento de los vídeos, pillé justo a tiempo a Justin terminando de subir las escaleras laterales.
Se impulsó sobre le monopatín justo cuando comencé a grabar y ascendió de un salto subiendo al pasamanos y descendiendo por él con la tabla en posición horizontal para finalmente aterrizar en el suelo un nivel más bajo. Cuando quise darme cuenta lo observaba con la boca abierta. Justin levantó los brazos  mirando a Ryan.
- Ha sido pura suerte. – se picó éste medio riendo.
- ¡Menuda pasada! ¿Lo has visto? – se giró hacia a mí y le mostré mi móvil.
- Lo he grabado. – reí enseñándole el móvil.
Su sonrisa se hizo más amplia y mordió su labio inferior dando un pequeño salto y pegándole un puñetazo amistoso a Ryan que le animó a seguir con los trucos.
Colgué el vídeo en Instagram y al segundo ya estaba recibiendo toda clase de comentarios. Entonces ví cierto movimiento por mi lado y me giré para ver que Ariana se acercaba a mí con su dulce sonrisa a modo de saludo para sentarse a mi lado a observar a los chicos. No pude evitar sentirme algo incómoda por el hecho de que hacía tan sólo unas horas me había peleado con su prima.
- Famosos o no, al final todos los chicos terminan siendo iguales, son felices con cualquier cosa. – bromeó ella viendo cómo Ryan le robaba el skate a Justin que salía corriendo detrás de él.
Sonreí durante unos segundos y carraspeé finalmente hablando por lo bajo.
- Oye Ariana, quería pedirte perdón porque hayas tenido que ver cómo… bueno, cómo perdía los papeles, la verdad es que me he dejado llevar por las emociones y al final…
- Tranquila, - me interrumpió. – no tienes por qué preocuparte, sí que es verdad que ha sido un poco macabro todo pero te comprendo.-  La miré extrañada al escuchar esto último y ella soltó una risa débil. – Ella siempre fue… difícil de tragar, pero al final, cuando la conoces a fondo es una buena chica, créeme, yo antes no podía ni verla, de hecho hubo años en los que, aprovechando su trabajo, no nos vimos ni hablamos ni una sola vez por los viajes que tenía que hacer, pero una vez que ella te deja conocerla a fondo, descubres que no es tan mala como intenta parecer.
- Ya… - dije encogiendo mis piernas para apoyar mis brazos y mi cabeza sobre las rodillas. – Permíteme dudarlo.
- Te prometo que si llego a saber que ella había estado anteriormente con Justin, no la habría traído conmigo, - me explicó poniendo su mano sobre mi espalda. - yo sólo quería verla más, y aproveché que ella estaba de vacaciones, lo siento mucho…
- No esculpa tuya, no te disculpes.
- No tienes que estar preocupada durante el tiempo que estemos fuera, yo mantendré a Katia a raya por ti.  - Su sonrisa contagió la mía y de pronto me vi fundiéndome en un tierno abrazo con ella. - ¿estás bien? ¿te hizo daño en la pelea? – se separó para examinarme a fondo.
No pude evitar reír ante la pregunta.
- Estoy bien, sólo me hizo unos arañazos, me escocía al principio pero ya ni los noto, sólo fueron unos cuantos tirones de pelo, creo que en ese aspecto le hice yo más daño, incluso creo que la mordí en una de las veces.
- No hace falta que me lo asegures, estaba agonizando cuando la sacamos de la habitación, casi se pone a llorar la ver que se había roto un par de uñas. – me dijo abriendo más los ojos. – Y porque pueda presentar cargos, no te preocupes, ella no te denunciará.
Traté de ahogar mi risa mordiendo mi labio inferior pero no pude evitar sentir una enorme satisfacción al escuchar aquello. Entonces Justin se dirigió a nosotras echándose el pelo hacia atrás con la respiración agitada y se dejó caer en los escalones sentándose entre Ariana y yo y pasándonos a ambas los brazos por los hombros.
- ¿Intimando, señoritas? – preguntó con una sonrisa divertida.
Ariana se deshizo lentamente de su brazo separándole de ella y le miró arqueando una ceja.
- Dúchate. – bromeó.
Justin cambió su expresión a una de fastidio y arrugó la nariz dedicándole una mueca de disgusto antes de acercarse un poco más a mí.
- ¿Qué te parece si salimos esta noche? – decía mientras hundía su rostro en mi cuello. – Abrígate un poco y damos un paseo.
- Estas ingresado en el hospital, Justin. – le recordé sonriendo y encogiendo mi cuello al sentir en él su respiración. – Y deberías hacer reposo, no has parado en todo el día.
- ¿Haces reposo conmigo?
Reí al escucharle y me di cuenta de que ya había oscurecido. Tras despedirnos de Ariana y de Ryan que la acompañó para ir a su hotel, Justin y yo subimos a la habitación. Hablamos sobre lo que había ocurrido con Katia y acordamos confiar plenamente en el otro en el tiempo que pasáramos separados. Hablamos sobre cómo podríamos estar en contacto todo el tiempo, que no pasaría ni un día sin escuchar mi voz y calculamos una hora en concreto teniendo en cuenta el cambio de zona horaria para hablar por internet. Tan sólo faltaban un par de días para que regresara a Canadá ya que me iría con Ryan y sentía que tenía que aprovechar cada segundo que pasara.
- ¿Sabes una cosa? – dijo él mientras me miraba a los ojos tendido a mi lado en la cama de frente a mí, yo llevé mi mano a su mejilla acariciándola con la punta de los dedos y pude ver cómo cerraba los ojos con aquello. – Yo solía pensar que mi único vicio era y sería siempre la música… hasta que te conocí.
Y entonces volvió a hacer aquello que tan bien se le daba, aquella sensación de calma volvió y sentí que no existía nada más que él, dejé de sentir el colchón bajo mi cuerpo y cogí aire profundamente sin palabras. Me acurruqué en su pecho sintiendo poco después sus brazos rodeándome y sentí la enorme necesidad de parar el tiempo en aquel mismo instante, para que nada pudiese ser capaz de separarme de él.
- Te voy a echar mucho de menos… quiero que pase rápido y poder quedarme contigo. – susurré.
- Pasará rápido, ya lo verás, será como estar juntos sólo que sin sexo. - Volví a reír abrazándole aún más fuerte y pude sentir sus labios sobre mi cabeza. – Aunque bueno… si eres de esas, podemos hacer ciertas cosas por video chat que pueden…
- Cállate, acabas de cargarte toda la ternura del momento. –escondí mi rostro en su pecho escuchándole reír.
- Van a ser unos meses muy largos sin ti, Brooks.

 Y comprendí entonces que nadie en este mundo podría impedirme pasar un solo segundo separada de él en los días restantes.

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Siento haber tardado en subirlo, tengo un problema y es que estoy sin portátil, por lo tanto no sé si podré escribir durante los próximos días, esta vez tuve suerte porque una amiga me dejó su portátil, pero no sé cuánto tiempo estaré sin el mío, de todos modos, yo os lo haré saber por twitter cuando vuelva a tenerlo.

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